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Enrique Pichon-Riviere En
"Psicología de la vida cotidiana", 1966/67) Comenzamos
hoy con la entrega del material prometido. De ellas emergen con clara fluidez,
todas las consideraciones que al respecto del cuestionario elevado nos ha
formulado el Dr. Enrique Pichon Rivière. A su pedido expreso aclaramos que
nuestro entrevistado aborda la cuestión afirmado en las investigaciones
personales realizadas por él en este campo, a lo que debe sumarse la consulta
de estos autores: Freud, G. H. Mead, Buytendijk, y Huizinga. -Entiendo
-nos responde el Dr. Pichon Rivière-, que antes de hablar de deporte, debemos
enfocar otro tema: el juego. En general, en su estructura y en su función. -De
acuerdo, definamos entonces el "juego". -Podemos
afirmar que el juego es tan viejo como la cultura, por la sencilla razón que
presupone una sociedad humana. Los animales, por otro lado, no han esperado que
el hombre les enseñara a jugar. Parece ser que la civilización no ha añadido
ninguna característica escencial a la función del juego y a su significación
más profunda. -¿Qué
función le adjudica usted al juego en el mundo animal? -Decididamente,
el juego es algo más que un fenómeno meramente fisiológico, ya que tiene
siempre un significado social. En el juego, entra
en juego algo que rebasa el
instinto de conservación y que le da un sentido
de ocupación vital. Hay dos
aspectos fundamentales que caracterizan al juego: es una lucha por algo o una representación
de algo. -Bien,
denos entonces la definición concreta. -Advierta
que la exposición previa nos ha allanado el camino hacia la definición. El
juego es una ocupación libre, aunque
se desarrolla dentro de límites de tiempo y espacios determinadas por reglas
absolutamente obligatorias. Reglas que deben ser, a la vez, libremente
aceptadas. Esta acción tiene su fin en sí misma y va acompañada de un
sentimiento de tensión y alegría. Además y esto es importante, en el juego se
tiene la conciencia de ser de otro modo que en la vida corriente. -¿Puede
decirse que esta definición comprende lo que denominamos juego, o sea juegos de
fuerza, de habilidad, de cálculo, de azar, de exhibiciones y representaciones? -Efectivamente.
Ahora bien, para aclarar conceptos que no he querido sobrevalorar las funciones
del juego en el ámbito de la vida cultural. Una determinada cultura, lleva
incluídas ciertas características que configuran los juegos. Es decir, que
algunos aspectos de la cultura pueden surgir primero en forma de juego. En una
palabra: que la cultura, en principio, se juega.
Otra conexión entre cultura y el juego, habrá de buscarse en los niveles más
elevados del juego social, en los que
se nos presenta como actuación ordenada de un grupo o de una comunidad; o de
dos grupos que se enfrentarán. -¿En
qué medida el juego individual repercute en el plan cultural? -Cuando
un individuo juega, para sí solo, en muy limitada medida es fecundo para la
cultura. Ya manifesté, anteriormente, que todos los matices que definen al
juego: el jugar juntos, el luchar, el presentar y exhibir, el retar y
fanfarronear, con todas sus reglas limitadoras, se dan también en la vida
animal. De modo que la competición y la exhibición adquiren ciertas
modalidades de la cultura correspondiente. -Usted
habló de tensión en el juego,
¿qué quiso significar? -En
el juego hay tensión e incertidumbre. Fíjese usted que permanentemente se plantea una
pregunta: ¿saldrá o no saldrá el juego? Hasta cuando una persona se
entretiene con solitarios, palabras cruzadas o rompecabezas, se realiza esta
condición. Pero en el juego efectuado entre rivales en puja, este tipo de tensión
o incertidumbre por el resultado, se agudiza hasta un grado máximo aunque luego
viene una distensión. Esto de salir ganancioso o vencedores, puede llegar a
amenazar seriamente la condición o ligereza del juego mismo. -Creo
que en este momento debo preguntarle si influye la presencia o no presencia del
espectador en el juego. -Esto
es muy importante, sin duda. En los juegos llamados de azar, esa tensión de que
hablábamos sólo en pequeña medida se comunica al espectador. Tiene usted el
ejemplo de los juegos de dados, que deben considerarse como estériles para la
cultura porque no aportan ninguna riqueza al espíritu ni a la vida. Pero cuando
en un juego la porfía exige cierta
destreza o habilidad, y fuerza, tanto mayor es la tensión que embarga a los
espectadores. El mismo juego del ajedrez arrebata a los circunstantes.
Convengamos finalmente en que los valores físicos, morales o espirituales,
pueden elevar al juego a un plano determinado de cultura, pero cuanto más
adecuado sea el juego para intensificar la vida del individuo o del grupo, primordialmente
del grupo, tanto más se elevará
en ese plano. -¿Qué
es lo que está en juego cuando jugamos? -Usted
ha dado con una frase que condensa la esencia del juego: en el juego algo está en juego. Pero
ese algo suele confundirse. No se
trata del resultado material del juego, como podría ser la ubicación de la
pelota en el arco o en un cesto. Lo ideal es que el juego salga bien, que
resulte. Ese salir bien, proporciona
una satisfacción especial al jugador y al espectador. Y con la presencia de
espectadores ese sentimiento agradable aumenta. Quien resuelve un solitario, por
ejemplo, se alegra en mayor dosis si alguien lo mira. De lo que resulta esnecial
para el jugador, poder vanagloriarse ante otros de que su juego haya resultado
bien. De allí que el concepto de ganar guarda una relación íntima con el
juego. -Pero,
¿qué quiere decir ganar? ¿Qué es lo que se gana? -Ganar
es mostrarse tras el desenlace de un juego,
superior a otro. Pero como ese tipo de superioridad tiende a convertirse en otra
superioridad de carácter general, concluímos en otra afirmación: más que
ganar el juego, se ha ganado honor y prestigio. Honor y prestigio que benefician
no sólo al vencedor sino al grupo al cual éste pertenece. Y estamos ante un
concepto de trascendental importancia: el éxito logrado en el juego, se
puede transmitir en alto
grado del individuo al grupo. A
tal punto es así, que sobre la exigencia primaria de doblegar al contrincante,
surge otra, que es la de si en verdad ha aumentado con la victoria el poder del
individuo y del grupo que él representa. -Sintetizando,
doctor, que el juego es una actividad libre, separada y reglamentada. -Claro
que lo es. Libre, porque no puede obligarse a un jugador sin que el juego pierda
su naturaleza; separada, porque está circunscripta a límites determinados con
anticipación y reglamentada porque está sometida a convenciones que instauran
momentáneamente una legislación apropiada. -Separemos
ahora, entonces, "juego" de "deporte". -Creo
que ya lo hemos hecho, aunque puede redondearse en este esquema: el juego puede
ser de competición, de suerte, de simulacro, y de
vértigo. En la primera calificación
entran el atletismo, la lucha, el boxeo, el fútbol, el ajedrez, etcétera; en
la segunda, los juegos infantiles de sortear, la ruleta, las apuestas, la lotería,
etcétera; en la tercera, las imitaciones, las máscaras, los disfraces y, en
forma general, el teatro; finalmente el columpio, el alpinismo, el tiovivo, el
esquí, etcétera. -Este
cuadro nos acerca, doctor, a uno de los temas propuestos, el fútbol. -Penetremos
en él, como le prometí. En nuestro país el fútbol llamado el más popular de
los deportes, merece una atención que nunca se le ha dispensado y desde un ángulo
que resultará extraño a muchos. Si la práctica del deporte se emprende con
espontaneidad para darle al deporte una orientación cabal, es indispensable
hacer un estudio socio-psicológico del mismo. Porque el deporte no es solamente
importante para la formación de la juventud, sin que se haya convertido en un
medio común de existencia capaz de ejercer una influencia decisiva sobre las
apreciaciones que se hacen en el conjunto de las relaciones humanas. El fútbol,
obvio es decirlo, no tiene sólo trascendencia a su vez para los cientos de
miles de cultores con que cuenta entre nosotros, sino para otro número mucho
mayor de espectadores y aficionados que están concentrados en su derredor. Ya
nos ocuparemos del fútbol, cosa que haré sin antes decirle que ya en 1903 se
publicó en los EE.UU. un artículo sobre la materia titulado "La psicología
del fútbol", precisamente en la razón de un interrogante que sigue en
pie: por qué es el fútbol el deporte
que atrae mayor cantidad de espectadores
y por qué son tántos y tan
variados los conflictos que surgen en
su medio. |
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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