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Enrique Pichon-Riviere (en colaboración con Ana P. de Quiroga, Carlos Gandolfo y Marta Lazzarini) El
análisis de los procesos de comunicación y aprendizaje ha sido nuestro punto
de partida en la elaboración de una teoría de la enfermedad mental (conducta
desviada). Ella resulta del deterioro de la comunicación y del fracaso en el
aprendizaje de la realidad en un momento del desarrollo (fijación), lo que
promueve el regreso del sujeto (regresión) a este momento disposicional de su
historia con la utilización de formas arcaicas de mecanismos defensivos para
controlar o atenuar los dos miedos básicos, de pérdida y ataque. Las características
de este estereotipo condicionan las características fenomenológicas de la
enfermedad, configurando la situación de resistencia al cambio, sobre la que se
centrará la tarea correctora. Las
investigaciones en el campo de las teorías del aprendizaje emigra poco a poco
de los laboratorios psicología experimental hacia la comunidad, dotando a la
psicología (ahora social) de instrumentos que servirán para evaluar la
interacción entre individuo y sociedad. Se toma como punto de partida de estas
investigaciones el supuesto acerca del carácter dialéctico de dicha interacción
que cumple un intinerario en espiral continua, en la que el actor del proceso se
realimenta con la experiencia, modificándose el sujeto y modificando al mundo y
emergiendo de esta manera el sentimiento del yo situacional e instrumental. La
concepción del aprendizaje como praxis nos permite la posibilidad de
plantearnos dicho proceso como un aprender a aprender y un aprender a pensar,
concepción de carácter instrumental que se apoya en una teoría del
pensamiento y del conocimiento que operan en un contexto social. Sobre la base
de estas últimas formulaciones y de una teoría del vínculo al que definimos
como una estructura bicorporal y tripersonal, construimos el instrumento de
aprehensión del objeto de conocimiento. Esta estructura triangular que rige
todas nuestras relaciones hace posible abandonar el esquema de una psicología
individual, que ya negaba Freud adoptando los postulados de una psicología que
siempre será social, al incluir en el esquema de referencia el concepto de un
mundo interno en interacción continua, origen de las fantasías inconscientes.
Es esta dimensión ecológica la que por procesos de introyección y proyección
puede condicionar una imagen distorsionada en distintos grados del mundo
exterior, particularmente del rol del otro, cuya percepción está signada por
situaciones de reencuentro que rigen toda nuestra vida emocional. El
ajuste de estos elementos va a configurar modelos, pautas o esquemas
referenciales que operan en el proceso de aprendizaje o lectura de la realidad. El
modelo es un sistema o un conjunto que debe incluirse todas las características
del objeto a indagar. Es el instrumento de abordaje del objeto real, en el que
se encuentran los vectores del descubrimiento. En la medida en que el
descubrimiento del objeto real se intensifica (a través de la praxis), el
modelo pierde significación como intermediario entre el proceso de pensamiento
y la realidad ya que la "la cosa en sí se convierte en la cosa para sí".
Por ello describimos en última instancia al aprendizaje como el proceso de
apropiación instrumantal de la realidad para modificarla. Todo aprendizaje es
aprendizaje social, aprendizaje de roles. Lo que se internaliza en ese proceso
de apropiación de la realidad son funciones, las que pueden ser descriptas en
formas de roles en situación. Todo
conjunto de personas ligadas entre sí por constantes de tiempo y espacio y
articuladas por ser mútua representación interna (dimensión ecológica)
configura una situación grupal. Dicha situación está sustentada por una red
de motivaciónes y en ella interaccionan entre sí por medio de un complejo
mecanismo de asunción y adjudicación de roles. Es en este proceso donde deberá
resurgir el reconocimiento de sí y de el otro en el diálogo e intercambio
permanente .Esta situación grupal constituye el instrumento más adecuado para
ese aprendizaje de roles (aprendizaje social) en el que consiste la
internalización operativa de la realidad. Todo
grupo se plantea explícita o implícitamente una tarea, la que constituye su
objetivo o finalidad. La tarea, la estructura grupal y el contexto en el que se
relacionan tarea y grupo constituyen una ecuación de la que surgen fantasías
inconscientes, que siguen el modelo primario del acontecer del grupo interno.
Entre estas fantasías algunas pueden funcionar como obstáculo en el abordaje
del objeto de conocimiento y distorsionantes en la lectura de la realidad,
mientras que otras actúan como incentivo de trabajo grupal. El
enfrentamiento de ambos tipos de fantasías inconscientes proyectadas en el
grupo producirán las situaciones de conflicto características de la tarea
grupal. El
esclarecimiento de dichas fantasías inconscientes, así como la resolución
dialéctica del dilema que dio origen al conflicto, constituyen la tarea latente
del grupo, inaugurándose entonces la posibilidad de la creación. En
ese momento el creador se hace cargo de su fantasía inconsciente, como
estructura-función y puede construir una estrategia, una táctica y una logística
para el abordaje de la realidad. Apoyándonos
en este marco teórico hemos construído la técnica de grupos operativos en la
que el instrumento de esclarecimiento está dado por la interpretación
enunciativa o interrogativa y el señalamiento, que tienen siempre el carácter
de una hipótesis acerca de la fantasía grupal, no evaluándose su eficacia según
un criterio de verdad, sino según el criterio de operatividad en la medida que
permite la ruptura del estereotipo. Nos
interesa particularmente describir la aplicación de las técnicas operativas al
aprendizaje de la dirección teatral, dadas las coincidencias entre el modelo
dramático y nuestro modelo grupal. (Coincidencias fundadas en la universalidad
de la dimensión que denominamos Ecología humana interna Historia de una experiencia concreta En
junio de 1968, un curso centrado en el aprendizaje de la dirección teatral, a
cargo del señor Carlos Gandolfo, quien estaba familiarizado con las técnicas
grupales a través de su aprendizaje en nuestra Escuela de Psicología Social,
dio apertura a la posibilidad de integrar la técnica de grupo operativo a su
tarea. El
aprendizaje que debían realizar sus alumnos estaba centrado en tres puntos básicos. a)
El director con su obra: análisis de la estructura dramática en sus aspectos
manifiestos (lo anecdótico de la obra) y latentes (la motivación, las
relaciones íntimas que los personajes desconocen y que el director debe
traducir en acciones propuestas al actor para lograr la actitud, la emoción
adecuada al personaje). El análisis de la obra implica el descubrimiento de las
situaciones de crisis, culminación y resolución, en primer término en el ámbito
total de la obra, en segundo lugar en cada acto y en cada escena. b)
El director y el actor: este segundo paso del aprendizaje concierne al
conocimiento que el director debe tener del material con el que trabaja (el
actor). Debe experimentar por sí mismo de qué manera el actor vive el proceso
de creación, jugar el rol del actor, lo que exige un reaprendizaje de la
realidad, de la acción, de las formas de interrelación. Para
ello debe aprender a convertir las escenas claves de la obra en acciones
concretas, que determinen en el actor un comportamiento que despierte una
determinada emoción: allí empieza el actor a comprometer su emoción. En síntesis,
lo que se busca es un reencuentro con una situación previa, ya vivida por el
actor, que condicionará en él la emoción, la actitud corporal que lo acerque
al personaje. c)
El tercer punto del aprendizaje consiste en la síntesis de lo anterior: la
puesta en escena. Al
incluirse en el grupo un equipo integrado por Ana P. de Quiroga como
coordinadora y Marta Lazarinni como observadora, tras la primera reacción de
expectativa ante la propuesta de la coordinadora de sentarse formando un semicírculo,
aparece en el grupo, en la tercera reunión, la necesidad de presentarse,
especificando qué tarea realiza cada uno (1). Aquí podemos observar que la
modificación espacial del escenario de aprendizaje, que implicaba abandonar el
modelo escolar hizo surgir la exigencia de adquirir una identidad como individuo
y como grupo, en función de una tarea. (Replanteándose la situación de crisis
de identidad que subyace en la vocación actoral.) La disposición semicircular
fue adoptada definitivamente tanto para las clases como para las reuniones
grupales. Las
dificultades que aparecieron en el abordaje de la tarea explícita (el
aprendizaje de la dirección teatral) fueron frecuentemente tratadas por el
grupo a través de las interpretaciones y señalamiento en un esfuerzo común
cuya finalidad era la ruptura del estereotipo anterior, coincidente con el
modelo básico familiar. Los
elementos que con mayor frecuencia aparecieron obstaculizando la tarea fueron:
la confusión entre el rol de actor y director, un alto nivel de aspiración lo
que perturbaba el aprendizaje del rol de aprendiz, entrándose en una intensísima
situación de rivalidad con el director, con quién asimismo se había
establecido una relación de excesiva dependencia. La ambivalencia de esta
situación, aunque se atenúa en el trabajo grupal, aparece como una constante
de aprendizaje, encontrándose un desfasaje permanente entre el nivel de
aspiración y el sentimiento de logro. El
proceso analítico de la estructura dramática se ve distorsionado por la
proyección de conflictos sobre la obra, y por la identificación del alumno con
los personajes, lo que distorsiona el proceso analítico. Al
cumplirse el segundo momento del aprendizaje, titulado "el director y el
actor", la exigencia de jugar al rol de actor y de experimentar ese proceso
de creación llevó al grupo a una crisis. En ella predominaban las fantasías
de transparencia y desenmascaramiento, la culpa por los aspectos vocacionales
relacionados con el teatro; exhibicionismo, impostura, fantasía básica de la
"máscara", etc. Surgieron mecanismos de proyección de la censura
interna, la que fue depositada sobre los miembros del grupo; esto frenaba la
creatividad y espontaneidad y el compromiso, o provocaba situaciones de intensa
agresividad. Se
produjo en el grupo una vivencia "de enloquecer " definida por un
integrante "como la explosión súbita de las emociones humanas",
entendiéndose que en ésto residía la escencia de la tragedia. En
ese momento, los integrantes del grupo, atemorizados por la emergencia de los
materiales subyacentes, trataban de probar la fortaleza o fragilidad del equipo
de coordinación, al que se quería destruir por una parte como depositario de
la censura y preservar por otra como depositario de los aspectos positivos del
grupo. El
grupo se encuentra abocado en este momento a la tarea de discriminación entre
persona y rol, y al aprendizaje del rol de director. En
el fraseo de las interpretaciones se utilizaron los elementos dados en clase, es
decir, los relacionados con el lenguaje cotidiano y la tarea teatral. Es de
hacer notar que la persona a cargo de la coordinación no tenía información
previa sobre teatro, siéndole posible el pasaje de un lenguaje (el de grupo
operativo) a otro por encontrar que el modelo operativo y el modelo dramático
tenían una estructura interna semejante (2). Sobre
estas construcciones podemos decir que el paralelismo entre los modelos de
investigación social y el modelo dramático se fundamenta en el hecho de que
toda obra es la representación, el reencuentro de un momento de la vida
cotidiano del creador, sea éste el autor, el director o el actor. Todos ellos
son creadores, porque el aprendizaje y la creación consisten en ese proceso de
reencuentro y redescubrimiento. Esta situación, de acuerdo con el carácter de
la experiencia reencontrada, puede ser angustiante o gratificante. Para
terminar esta exposición recorremos los elementos constitutivos del modelo dramático:
(3) Los modelos en la historia El
Espacio y el Tiempo La
Acción Dramática
Las
Acciones Las
Direcciones La
Representación El
Diálogo Dramático El
Lenguaje La
Comunicación Los
Símbolos El
Personaje Dramático Las
Personas Los
Papeles El Encuentro (*) Relato presentado en el Congreso Internacional de Psicodrama y
en el Congreso Latinoamericano de Psicoterapia de Grupo, Bs. As., 1969. (1) El grupo había cumplido ya un mínimo de cuatro meses de tarea
común. Algunos integrantes participaban en el grupo desde hacía más de un año. (2) La semejanza surge, según lo hemos señalado, de una situación
originaria común: la dimensión ecológica o ecológica humana interna. (3) William Sacksteder, "Elementos del Modelo Dramático",
Diógenes, nº 52. |
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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