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Enrique Pichon-Riviere (En "Psicología de la vida cotidiana", 1966/67)
Continuamos
el diálogo con el Doctor Pichon Rivière, dispuestos a enfrentar la opinión pública,
es decir, a nuestros lectores, con un enfoque psico-sociológico del deporte.
Paulatinamente vamos encontrando en el lengauje de todos los días; en los
lugares comunes de que nos valemos quienes andamos en estas cosas por virtud del
periodismo o, simplemente, en razón de nuestra afición. Afición que comparten
los grandes núcleos humanos que individualizamos como masas de espectadores. El
panorama se va aclarando. De los conceptos generales, lentamente arribamos al análisis
del jugador y, fundamentalmente, a la de su función de equipo. No pretendemos
decir cosas nuevas. Lejos de nuestro ánimo en tono admonitorio. Solamente señalamos
los problemas y también las vías de solución. Sobre todo porque estamos
absolutamante convencidos de que las situaciones más graves en torno a los
conflictos, o no se ven o no se tratan con el debido criterio. Y decimos esto
pensando muy en especial en los recientes episodios de pública notoriedad que
se han desprendido de la actuación del plantel futbolístico argentino en
Suecia. Fueron muchos los que esperaban "sensacionales declaraciones"
de protagonistas y testigos, más todas las presunciones rondaban planos minúsculos
e intrascendentes, algunos cuyos matices entraban decididamente en el terreno de
lo ridículo. Lo real y concreto es que ya tenemos el material como para
establecer un cuadro clínico, y operar de inmediato terapéuticamente. Pero
todo esto surgirá del diálogo, con palabra y pensamiento más autorizados que
el nuestro. -Bien,
doctor Pichon Rivière, hemos llegado al deportista. -Indudablemente.
Ya hemos visto que el deporte es: juego más competición. Deportista, por ende,
es todo aquel que participa del mismo, no sólamente con su habilidad personal y
el conocimiento técnico que posea del deporte que practica, sino con otro
agregado que establece, precisamente, la diferencia entre juego y deporte. O sea
que el deportista debe tomar conciencia y responsabilidad del papel que debe
desempeñar dentro del equipo de que forma parte. -¿Qué
es jugador? -Creo
que la resultante de una serie de elementos que podemos resumir en tres puntos:
1) factores físicos; 2) factores técnicos; 3) factores psíquicos. -Le
formulé la pregunta porque quisiera que estableciéramos el concepto apelando a
un ejemplo concreto: el fútbol. -Como
muy pocos otros, esto ya lo hemos manifestado: el fútbol pertenece a los juegos
deportivos sociales. Esto se traduce con mayor claridad en lo siguiente: el
jugador quiere y debe ser un co-jugador, con intención de serlo también
respecto de la actuación de sus contrincantes del campo o adversarios. El
equipo contrario nunca habrá de ser un enemigo que constituya una amenaza
permanente, un obstáculo o impedimento que estorbe. Los compañeros del mismo
equipo como los integrantes del equipo adversario, están presentes unos en
otros en base a lo que llamamos esquema referencial previo de cada uno de los
componentes con respecto a compañeros y adversarios. Por la dinámica de este
esquema, y en la medida en que el mismo es operante, se obtiene un mayor o menor
éxito en la labor realizada. -¿Qué
es lo que determina esa unidad de los equipos contrapuestos? -No
es sólo la paridad en el dominio del juego o de su técnica lo que la
determina. La unidad radica, ante todo, en la conciencia que se adquiere -y por
lo tanto en la voluntad decidida- de luchar contra el adversario para alcanzar
la victoria. -¿Sería
ésa la finalidad? -La
victoria es necesaria a la estructura social del deporte, ya que en él los
equipos se oponen, pero no constituye su finalidad. Esa finalidad consiste
exclusivamente en jugar un buen partido combatiendo lealmente
por la victoria. -¿Estamos
hablando, quizá, de la moral deportiva? -En
cuanto lleguemos al convencimiento que en los deportes el adversario es al mismo
tiempo un compañero, comprendemos perfectamente cuál es la moral que el
deporte debe mantener y, sobre todo, promover. -Damos
por comprendido en ese principio el respeto por los reglamentos... -Si
duda alguna. Y también la aceptación de la disciplina y de todas las
sensaciones eventuales. Pero, por sobre todo, pensamos que debe mantenerse el
juego limpio y el buen humor. Si se quiere mantener el valor sociológico y
pedagógico del deporte, es imprescindible que el aspecto guarde un nivel alto. -Volviendo
al tema anterior, le diría que el fútbol es, además, un notable medio de
distracción. -Comparto
plenamente la opinión. Este deporte es de los que atraen mayor cantidad de
espectadores, y ello se explica porque el hombre de trabajo es también hombre
de juego. Pensemos, por otra parte, que en los deportes se despiertan viejas
situaciones que están semilatentes. Por eso es que el deporte constituye una
distracción. Especialmente el fútbol. -Bien,
prosigamos. Falta considerar un aspecto vital: el del permanente contacto del
equipo. -La
importancia de que un equipo mantenga un contacto permanente se basa en la
posibilidad de establecer paulatinamente un esquema interno de coordinación en
cada uno de sus integrantes, a fin de que éstos rindan con máxima eficiencia
su función de engranaje de equipo. -¿Significa
esto que deben ajustarse a técnicas preestablecidas? -No.
Los resultados de esa técnica con papeles estudiados de memoria, generalmente
son contraproducentes. Ya conocemos, por otra parte, cuáles son sus
consecuencias. Lo que interesa es la compenetración de los aspectos positivos
de cada uno, para que se capitalicen y se aprovechen en función de una labor
conjunta. -Creo
que eso es lo que los sociólogos llaman esquema referencial. -Efectivamente.
Y es evidente que para lograr en cada integrante del equipo un esquema
referencial que esté de acuerdo a las necesidades del mismo, es necesario un
conocimiento mutuo a través de cierto tiempo, de modo que se pueda ir
modificando en la medida que surjan elementos de roce o disonancia que impidan
un entendimiento mejor. -¿Y
si se trata de formar un equipo para un encuentro imprevisto? -Cuando
un equipo ha operado en esas condiciones que señalamos y deba enfrentar a otro
imprevistamente, estará en condiciones de sobrellevar convenientemente una
competición, aún cuando sus componentes analizados en forma individual, sean
de escasa calidad. Con esto quiero señalar, en buen romance, que no es la
calidad individual lo que sólamente se necesita para formar un equipo con
probabilidades de éxito. Lo importante es la capacidad
de coordinación de cada uno de
los valores que entran en juego. Porque el resultado sólo lo dará la suma de esos valores. En
la medida en que la capacidad potencial logra emerger para trocarse en capacidad
real, las posibilidades del resultado final de la labor van en aumento. -¿Es
decir que los valores individuales no se necesitan? -No;
quise decir que no sólamente se necesita de valores individuales, sino la
calidad potencial aumenta considerablemente por medio de la coordinación del
equipo. De esta forma se logra el máximo real de rendimiento en esos valores. -¿Y
en cuanto al clima interno de relaciones? -Un
equipo con tensiones controladas, sin conflictos y sin roces internos, logra una
armonía técnica y moral que redunda en beneficio no sólo del público y del
espectáculo, sino de los propios jugadores que lo componen y aun de los
adversarios.
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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