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Enrique Pichon-Riviere Le
but de la peinture surréaliste est la projection Si
bien el contenido del material acumulado era conocido para mí y podría
situarme ya sea como co-autor o testigo, según sea el tiempo transcurrido desde
la obtención del material (distancia), lo que actualiza ahora mi interés está
centrado alrededor del efecto producido sobre este material y el analizando por
la acción conjunta de dos nuevos factores:
1º) La experiencia estética fue comunicada por Di Segni a grupos de Jóvenes
en forma de conferencias y discusiones. 2º) La reelaboración del material fue
realizada paralelamente a lo anterior con la finalidad de ser comunicada a un
grupo mediato (lectores) a través del libro. En
líneas generales se puede decir que el efecto producido por ambos factores en
relación con la primitiva experiencia (el análisis) fue que éste aparecía al
analizando con una nueva significación que denominaremos “el hacerse cargo”
de la experiencia concreta en una forma más amplia y convertirla en instrumento
de trabajo. Toma de esta manera un carácter operacional en relación con los
otros, por ejemplo, para los integrantes de cada grupo. Por otra parte, en estos
últimos se observaron efectos dinamizantes
o energizantes. La técnica empleada
en el acercamiento colectivo podría
resumirse así: 1º) Los integrantes de los grupos eran sobre todo jóvenes de
los dos sexos, con formación más o menos homogénea, interesados en la plástica.
2º) Semanalmente Di Segni les daba una conferencia siguiendo más o menos el
plan de este libro. 3º) Después de las conferencias se organizaban discusiones
cuyo encuadre de iniciación eran los temas desarrollados ese día en la
conferencia y las direcciones oscilaban entre discusiones de miembros del grupo
con el conferenciante o de miembros del grupo entre sí. Estos
grupos funcionaron en forma progresiva con entusiasmo, libre expresión, nivel
creciente de comprensión, vivencia, y el claro propósito de realizar una buena
tarea. Estas
experiencias estéticas cuando llegan a integrarse, adquieren las características
de un acto de conocimiento
del objeto estético en su metamorfosis objetivante. Interviene así este
conocimiento en la configuración del esquema
conceptual y referencial que se
mantiene flexible, sensible y plástico (no estereotipado9, incluido en un
contexto psico-socio-histórico. Este aspecto operacional es observado a través
de ratificaciones o rectificaciones de actitudes estereotipadas y distorsionadas debido,
entre otras causas, a métodos anticuados de enseñanza mantenidos en vigencia
como guardianes de determinadas ideologías. Estas actitudes rígidas
mantenidas por un esquema conceptual semejante y que funciona de una manera más
o menos inconsciente, constituyen barreras
que impiden la irrupción de objetos
estéticos nuevos y originales que emergen en la mente del artista renovador
como un verdadero descubrimiento en un contexto particular ya señalado. Este
emergente (objeto estético nuevo y original) con su significación y lenguaje
propio (reprimido culturalmente con anterioridad) es ahora reconocido o redescubierto
con las características de un objeto oculto (vuelta de lo reprimido) que
provoca ansiedad, que puede llegar
hasta la vivencia de lo siniestro según que su aparición sea más o menos insólita.
Esta situación puede desencadenar en el público reacciones hostiles tendientes
a la destrucción del objeto estético (obra de arte) o destrucción del artista
en forma simbólica a través de una crítica destructiva donde, empleando un lenguaje especial, el crítico
denuncia el carácter destructivo de
la obra, adjudicándole al artista una intencionalidad específica. El crítico
asume el papel de portavoz del grupo social. Solamente
queda señalada aquí la relación entre objeto estético, original, objeto
oculto o mágico o siniestro y la locura. La
aparición, encuentro y presencia del objeto estético en el campo operacional
del psicoanálisis (la entrevista con su suceder y contorno), posibilita la
investigación polifacética integral de éste, a través de una interacción
continua entre el analista y el analizando. Dicha interacción se logra por
medio de un proceso de comunicación
(un transmisor, un receptor y un mensaje a traducir), que podemos representar gráficamente
como el funcionamiento de una espiral en continuo movimiento, en la cual
situaciones de apertura (progreso, evolución, enfrentamiento de nuevas
dimensiones) y situaciones de cierre (coherencia y objetividad, al volver a
abrirse) alternan y se resuelven dialécticamente de una manera continua, pero
que en condiciones anormales se transforma en un circulo cerrado, vicioso, patológico
que funciona como un sistema cerrado. La actividad (la obra) adquiere el carácter
de estereotipo; esta dificultad puede definirse como una inhibición (fobia)
frente al espacio abierto por el nuevo ciclo de la espiral. Esto
también caracteriza a las neurosis en general, y la finalidad del tratamiento
consiste en volver a ponerlo en marcha y transformarlo de nuevo en un sistema
abierto. El
objeto estético aparece
mezclado dentro de la estructura dinámica del emergente Del
analizando en el propio campo de trabajo. Es un objeto desconocido para el
propio sujeto y después de “encontrado”, “descubierto”,
“redescubierto” allí en un estado de destrucción que es variable en cada
caso y en cada momento y que debe ser recuperado, reconstruido, manejado e
incluido en la situación transferencial. Es en esta situación, señalada con
características temporoespaciales (aquí, ahora, conmigo), y en función de las
fantasías inconscientes del analizando, como debe ser “reconsiderado”. El
proceso creador se expresaba en Di Segni de una manera particular por un fenómeno
de doble faz, ya que como sujeto actuante del proceso, pintaba; el esquema del
cuadro podía estructurarse en la situación analítica y luego, en este caso,
era “transpuesto” sobre la tela, transformándose a través de este proceso
en un objeto estético concreto. Por otro lado y al mismo tiempo, trataba, como
sujeto-observador, de formular con un lenguaje verbal hablado (análisis), y
después escrito, la descripción del suceder de este proceso. Con
este material fue construido el presente libro. Posteriormente Di Segni trató
-después de la experiencia original- de informarse y recoger la
experiencia de otros a través de escritos de pintores y trabajos científicos
sobre el tema con el propósito de elaborar conmigo el todo en un nueva
tarea (criterios de verificación y confrontación), resultando de esto un
nuevo encuadre más ajustado del problema. Como
se ha dicho, el analizando trató de hacer el relato de las características de
su vínculo privado con este objeto, vivenciando como experiencia estética las vicisitudes y transformaciones que sufre
dicho objeto. El pasaje del yo del analizando por situaciones que condicionan
progresivas metamorfosis del objeto estético y de su relación con él (vínculo),
hasta llegar a su recreación o reparación, se logra a través de un proceso de
aprendizaje (learning) tendiente a
conseguir la integración tanto del objeto como del sujeto y en cierta medida
del analista que integra en una forma concreta y operacional esa relación de
tres, es decir, objeto-sujeto-analista. Por
medio de interpretaciones sucesivas de las fantasías emergentes del analizando,
operaba yo con él, con el propósito de esclarecer (insight) para ambos el carácter significativo de ese objeto en el
presente, pasado, y futuro, así como también los móviles de este proceso (por
ejemplo: sentimiento de culpabilidad), y, asimismo, la necesidad de crear un
objeto dado incluido también de una manera significativa en la historia del
analizando como un vínculo que fue primitivamente externo, estableciéndose
después dentro del yo en forma de vínculo interno (con un objeto interno). Esta
tarea está facilitada en los casos en que existe una afinidad entre analista y analizando y ésta puede caracterizarse
por determinadas semejanzas de esquemas conceptuales,
referenciales, plásticos, en los que la aptitud para expresar plásticamente
una situación dada está incluida, transformándose esta actitud en medio o
instrumento utilizado en el proceso de reparación o re-construcción. La
aparición y presencia del objeto en determinadas condiciones estructuraales y
funcionales (objeto destruido o en destrucción) provoca en ambos un impacto,
una repercusión particular. La necesidad o exigencia de reconstruir se ve
reforzada y los mecanismos de reparación, orientándose en este sentido,
configuran una situación que incluye un propósito determinado: una tarea común
en un contexto común y con funciones o roles diferentes pero complementarios, y
que consiste en operar dentro de la mente del analizando (escenario) sobre un
objeto destruido perteneciente también a él, cuya reconstrucción será
representada a través del tema y la estructura de la obra de arte. Cuanto
más exitosa sea esta tarea (calidad del objeto estético conseguido), mayor será
el beneficio psicológico para el analizando. Este beneficio se expresa por una
disminución de la angustia, del sentimiento de culpabilidad, de la agresión,
etcétera. Como
hemos visto, el objeto estético adquiere en el contexto de las fantasías inconscientes (mundo interno) las características de un objeto
destruido, fragmentado como consecuencia de una situación compleja de
causalidad múltiple (umbral, frustración, etcétera), pero cuyo común
denominador puede ser definido en términos de privación o abandono. Se
configura entonces un vínculo particular con ese objeto, caracterizado por la
emergencia de una estructura fuertemente ambivalente
en la que el odio al objeto va acompañado de amor al mismo en cantidades más o menos proporcionales y
experimentadas al mismo tiempo (ambivalencia). La consecuencia inmediata es la
aparición de fantasías inconscientes en las que el objeto es destruido (o
redestruido), ya que se trata de la repetición de una situación infantil muy
precoz de los primeros meses (protodepresión), que sucede durante el desarrollo
normal del niño. Como
resultado de la ambivalencia del
sujeto frente al objeto interno (o
predominantemente interno y total), este es parcialmente odiado (fantasía de destrucción) y parcialmente amado
(fantasía de preservación, defensa de contaminación, reparación) sin estar
divididos en este momento ni el yo ni el objeto, pudiendo recurrir a la división
como defensa contra una destrucción total. Esto puede suceder frente al apremio
de la ansiedad que tiene como contenido la destrucción del yo. La
consecuencia inmediata de la ambivalencia y el proceso implicado en ella es la
emergencia de sentimientos inconscientes
y conscientes de culpabilidad y necesidad
de castigo. Esta
actitud que va del yo (sujeto) hacia el objeto, coexiste con otra que circula en
sentido contrario y que representa la inversión de estos aspectos por las
proyecciones internas sobre el objeto de ese amor y de ese odio. Aquí el yo del
sujeto siente ahora que él mismo, en
calidad de objeto del otro destruido
(odiado y amado a la vez), está sometido al impacto de un grave peligro (retaliación),
es decir, de ser odiado (destruido ahora como “el otro” por su propio
objeto) y amado a la vez en la misma proporción en que el mismo inconsciente
fantaseó tal destrucción dirigida al objeto. Si este proceso doble provoca
mucha ansiedad resulta paralizante para el yo y la reparación está fuertemente
dificultada. En
el sujeto (creador) se cumple además, otro proceso de doble significación, estético-moral,
a través de la transformación (metamorfosis) de un caracterizado vínculo del
yo con un objeto interno (objeto destruido y luego reparado), realizándose esto
en dos actos temporalmente consecutivos y de signo contrario (destrucción y
re-construcción), en un mismo escenario (mundo interior del artista),
interviniendo el analista en la segunda faz, ya que la primera es condición básica
del enfermarse. Nos
preguntamos ahora: ¿Qué sucede mientras
tanto en el analista? Cuanto más esté auténticamente comprometido en esta
tarea de dos que es el análisis (tratando permanentemente con un mínimo de
tres –situación triangular-), el éxito logrado trae también aparejadas
modificaciones; obra en el mismo sentido que el otro, ya que para operar debe identificarse (empatía) con el otro,
participando así en una experiencia
estética que incluye, además, un beneficio moral. La
experiencia estética que ocurre y es vivenciada
por el espectador, se presenta cuando
un objeto (obra de arte) funciona simbólicamente para él como un medio de
satisfacción de sus necesidades emocionales (fantasías) inconscientes. Se
trata aquí de un descubrimiento; en realidad es siempre un redescubrimiento de
sus fantasías inconscientes a través de la forma y el contenido del objeto estético,
como una reacción en espejo. El
observador participa en el proceso mismo de reconstrucción realizándose éste
en su propio mundo interior, lo que se expresa como placer estético. A
través de la contemplación (percepción estética) y durante este revivir la
situación básica del creador expresada en la obra, estos contenidos
inconscientes pueden hacerse conscientes en el contexto mismo de la experiencia
estética, transformándose esta última en experiencia o acto de conocimiento. (*) Di Segni, F., Hacia la pintura, Buenos Aires, Nova, 1º edición, 1955.
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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