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Clase dada el 28-6-05 en 4º año de la Primera Escuela Privada de Psicología Social fundada por Enrique Pichon-Rivière. Algunos
investigadores distancian el objeto de conocimiento y el método utilizado, de
sus propias experiencias; otros, hasta confunden sus vidas con la obra
realizada. Creo que este es mi caso. Trabajaba con la técnica de grupo
operativo, recordarán por alguna clase escuchada, que entré en la Escuela en
el año 1966, se llamaba Escuela de Psiquiatría y eran dos grupos. Ese año un
gobierno militar había intervenido la Universidad y en el mes de mayo Pichón
abrió un segundo grupo porque la carrera de psicología corría peligro de no
poder continuar, entonces él nos dijo; vengan a la Escuela. Asistí en todos
estos años, a la transformación de la psiquiatría en psiquiatría social, de
la psiquiatría social a la psicología social, y a este enorme desarrollo que
vino después. En ese entonces trabajaba con la técnica de grupo operativo en
psicología social, en la Escuela, y en clínica. Mis padres me habían enseñado,
cuando alguna vez te pregunten, ¿quién quiere?, vos pegá un salto y después
escucha qué es lo que te ofrecen, porque para rechazar la oferta siempre hay
tiempo. Y un día Rita, la secretaria de la Escuela de Psiquiatría, hizo esa
pregunta, yo era alumno de 2º año, y ahí pegué un salto y dije ¡yo! . Después
me enteré que era para hacer la tarea de observar al grupo de Samuel Bass,
psicoanalista lacaniano que ha hecho sus propios desarrollos, y que en ese
entonces era coordinador en 1 º año. Luego
me recibí de psicólogo, terminé la Escuela y seguí dando clases aquí.
Trabajaba con técnica verbal, grupo operativo, y observábamos por cierto el
cuerpo con sus códigos y mensajes, pero no hacíamos ningún otro tipo de
intervención más que apuntar al significado de las latencias y de lo
manifiesto que los grupos transmitían. Paralelamente me formaba como psicólogo
clínico y empecé una tarea de psicoterapeuta con distintos profesionales.
También trabajaba en el campo social, no
solo en la Escuela, sino en el interior, fui siempre de viajar mucho por todo el
país. Viajes que hacíamos con Ana y con otros a Neuquén, General Roca, Río
Gallegos. Siempre con un instrumento privilegiado, como es el grupo operativo
,el grupo centrado en la tarea, y con intervenciones como el señalamiento,
la interpretación y la construcción. También viajé en una época muy
convulsionada a Córdoba, y con algunos docentes muy activos de la Escuela. A la
vez me fui formando en psicodrama, con varios psicodramatistas como Martinez
Bouquet, Frilesky y en la Asociación Argentina de Psicodrama, trabajé con
varios de ellos. Hubo una experiencia que por una compañera de ese momento
Gabriela Horishnik pude hacer, y que fue definitoria en mi tarea posterior: un
primer viaje al Esalen Institute que está en California, EEUU, donde se
aplicaban recursos y técnicas de distintas procedencias.
Esta experiencia, después se repitió en
dos oportunidades más, se trabaja allí durante todo el día, desde las 5 de la
mañana, con técnicas de lo más variadas, desde el yoga, trabajo corporal,
grupos de encuentros, psicodanza, gestalt. Uno tenía la posibilidad de
interactuar con muchos maestros en el sistema
de residencia: se compartían almuerzos, meriendas y se podía producir un
intercambio muy interesante. Debo reconocer que díó respuesta a muchas de mis
inquietudes. Al volver el interés fue mucho más fuerte en el interior y en la
provincia de Buenos Aires, y no tanto aquí entre nosotros, en la propia
Escuela. Por eso le agradezco a Clarisa esta posibilidad de conexión y de
contacto con ustedes. Unos años después, junto a mi formación sobre la base
del ECRO, del psicodrama y de las técnicas de acción, hubo un viaje a
Resistencia, Chaco, y un deseo de mi parte, de ver más. Fue lo que organizó
mucho de lo que después hice. En ese momento cambié el concepto de unidad de
tarea, que hasta ahí era: existente, interpretación, emergente (como se pude
encontrar en todos los textos de Pichón) por el de existente, intervención,
emergente. Las palabras a veces son una mera circunstancia, pero a veces
reflejan un cambio muy profundo. Yo quise ampliar el campo del psicólogo
social, que no solamente interpretaba, y en ese momento me estaba alejando de la
interpretación, psicoanalítica, exclusivamente verbal, para encontrar un
repertorio de recursos que recién en es momento se abrían para mí.
La carrera que ustedes cursan, poco tiene que ver con lo que nosotros hacíamos
en esa época, e intervenir, como operar, copensar, etc, no incluía otros
recursos.
Empezaban a llegar a Buenos Aires muchas
cosas de la eutonía, del trabajo corporal, de la bioenergética, de la psicología
de W. Reich, yo mismo fui paciente en vegetoterapia junto con Juan Amador, de
Franco Dragotto con otros psicólogos de Buenos Aires. Además de la palabra
como acción, pensábamos que había un trabajo en lo que Pichón decía de las
áreas uno, dos y tres. No era conveniente tal fractura y distanciamiento, entre
lo que una persona piensa y siente, ni poner el pensamiento en la cabeza como si
fuera el soporte, por eso escuchaba, dándole una base biológica. Podemos tener
un buen cerebro con todo el desarrollo, y no llegar al pensamiento, y tampoco
colocando el corazón como la base de las emociones. Para aproximarnos, a
una concepción del ser humano como una unidad que en esa época, (los 70)
estaba muy teorizada, pero cuando uno hacía una experiencia terapéutica, el
terapeuta, o danzaba, o solicitaba movimientos corporales, o trataban de hacer
una unión entre lo que le pasaba al cuerpo, y lo que se verbalizaban.
Les estaba contando que el viaje a
Resistencia, Chaco, fue muy importante para mí. Me convocan desde una escuela
diferencial, a unos 30 kms, de Resistencia. Me vienen a buscar, yo estaba
trabajando con un grupo de trabajadoras sociales, y había sido convocado para
coordinar la técnica de grupo operativo. Ya el viaje en avión tuvo sus
características, porque la semana anterior, el vuelo que salía de Resistencia,
se cayó y murieron todos los pasajeros. Viajaba, haciéndome el valiente, pero
con mucho miedo, y cuando el avión llegó, recién respiré. Estaba en una
situación de exigencia personal. Esto generó en mí como una actitud de
prevención, de inquietud interior, de pregunta, pero al mismo tiempo haciéndome
cargo. Bueno, empezamos el trabajo, en esta escuela diferencial, donde estaban
todos, maestros, profesores y psicólogos. Había una gran convocatoria, eran
casi 20 personas. Se empiezan a desplegar escenas y situaciones. Ellos decían
que el existente era de desinterés, desinfle de la experiencia, tanto que les
llamaba la atención. Problemas de trabajos, desacuerdos profundos, incomunicación,
ciertas emociones violentas, y al mismo tiempo mucho control de los sentimientos
de manera inconciente por supuesto. Pichón hubiera dicho; que la defensa que el
grupo utilizaba, era lo que él llamaba-la defensa cínica: que consiste en la
negación de sentimientos peligrosos.
Vimos el terma de las enfermedades, del
contagio, ya que había en la institución enfermedades de las más variadas. El
temor al contagio, solía expresarse como rechazo hacia los alumnos. En ese
momento empiezan a mostrar mayor confianza hacia mí, eran como que me estaban
probando y se estaban probando ellos. Empezaron discusiones muy fuertes que
parecían irreconciliables. La
reunión comenzó a eso de las 4 de la tarde, y en ese momento empezaba el
atardecer. Yo estoy sentado contra una pared, detrás de mí una ventana, y
enfrente una mampara donde se ubicaban
las 20 personas en círculo. Veo
ese atardecer con un cielo semi rojizo, esos cielos característicos del campo,
con una hermosa puesta de sol. Los integrantes del grupo comenzaron a hacer
bromas, si me quedaba en la Escuela, si iba a pasar la noche allí, si no tenía
miedo al contagio de las enfermedades diversas que mostraban los alumnos,
incluso la locura. Sentí
paralización, terror, y que algo acechaba y circundaba alrededor del lugar
donde estábamos. Mi interpretación en es momento fue miedo al ataque. Les
digo: “siento algo muy raro, una sensación extraña como que alquien ronda
este lugar”. La gente de campo lo sabe, y Borges lo tomó en uno de sus
escritos que dice “hay un momento de la tarde, en que el aire se vuelve diáfano,
y los pájaros dejan de cantar, y pareciera que en un segundo la naturaleza se
detuviera, y en ese momento es cuando empieza el atardecer”. El grupo comienza
a reírse a carcajadas, ahora entiendo menos y les pido que me aclaren.
Alguien dice: “el tigre chaqueño anda por ahí”. El efecto sobre mí,
y sobre el grupo fue de distensión, comprensión sobre lo que nos unía, qué y
quiénes eran el peligro. Fue aclarándose en el diálogo posterior, pero la
escena era, muerte en el momento de salir de ese lugar de seguridad, y por eso
muerte en el momento de salir al campo. Todo esto no lo conté nunca, es la
primera vez, y es para ustedes, por eso me habían hecho la broma de sí me
quedaba a dormir, porque si me hacía cargo de esa situación, como iba a salir
al campo. “Muerte
en el momento de irse”, de ahí en más, gran comunicación, muy fluida, desde
esta experiencia me empecé a preguntar, ¿qué lugar ocupan los mitos como
trasfondo cultural?, cosa que yo no trabajaba hasta ese momento. Era otro
elemento de las policausalidad, tenía que agregarlo a las series
complementarias, el principio de policausalidad y de pluralidad fenoménica,
etc. Es decir algo que se acercaba más a la antropología social, que a lo que
hasta ese momento habíamos trabajado. ¿Pero cómo me daba vueltas
permanentemente?, ¿se podía expresar con palabras una experiencia tan
intensa?, aunque no cabían dudas de la eficacia de la conexión, a pesar de que
me cuestionaba el esquema conceptual, el tener que incorporar elementos míticos,
leyendas, tradiciones, narraciones sociales me motivó a incluir estos fenómenos
en la mirada de lo grupal. Y no puedo hoy, ir a ninguna comunidad, ni urbana ni
rural, sin tener en cuenta eso, necesito saber cómo se desenvuelven en esa
comunidad, cómo son sus veredas, dónde se junta la gente, donde está el
teatro, donde está la iglesia. La otra vez en Santa Rosa fui a ver la catedral,
a la que le hicieron unas reformas para mí horrorosas. La arquitectura
religiosa también expresa un intento de cambio, pero que no modifica nada, se
ven como fracturas.
No cabía dudas que había una eficacia, una
conexión imprescindible, con un elemento de lo real, que no negaba nada de lo
que veníamos trabajando, pero que agregaba una dimensión que llamaríamos
latente. Si a los mismos grupos
sociales les transmitímos, en una investigación sobre dificultades o
potencialidades, debemos llegar al mito fundante de esta comunidad, pero además,
al mito actuante. No sé cuál es el que compartimos en este barrio de Boedo, es
mucho más difícil leer los mitos urbanos, que los mitos rurales, porque
aquellos son de tal naturaleza, que los enfrentamos y los podemos visualizar con
más facilidad… porque no nos son tan cotidianos.
Otros como el mito de las vacaciones, de las ollas populares, el de la
comida, el de la impunidad política, el de la invulnerabilidad de los
responsables de ciertas situaciones, y muchos más tienen una enorme conexión
con niveles políticos, ideológicos, etc. Las
leyendas, los mitos son un organizador de ciertas comunidades. A veces esa
conexión era conocida y otras veces no; no eran una simple analogía, término
a término, sino que tenía mucho más que ver con aquellas cosas que uno decía
en el juego: dale que subimos la pared, dale que nos trepamos al limonero, o, ¿me
das una mano?. Creo que tiene una implicación enorme en la construcción del
modelo teórico, porque voy a una comunidad y también les digo, ¿dale que
compartimos?. ¿me das una mano?, y me dicen ¿ pero es en serio?. Y es real que
necesito tener una mano como sostén para que el otro se apoye, y armar una
escena que va desde el psicólogo social a los integrantes de una comunidad y
viceversa. No
era una latencia que compartían ni una interacción consciente o que se mantenía
en forma latente. A veces se establece una comunicación de inconsciente a
inconsciente, aunque las versiones más agudas me suceden cuando no me propongo
llegar de manera consiente al mito fundante de una comunidad, cuando me entrego
a los juegos que me proponen, inspirando confianza y disponibilidad.
Es así como en Corrientes por ejemplo,
después de varios días de trabajo, con desconfianza porque era alguien que venía
de Buenos Aires, un domingo a la mañana me dicen, ¿profesor, no querría venir
a comer dorado?, sí dije inmediatamente, porque además que me encanta, era eso
lo mejor que me podían dar, como metáfora alimentaria.
En otros lugares, sin la fuerza de esta
experiencia del Chaco, surgieron escenas
familiares, entre hermanos, edípicas, porque yo había cambiado el lugar de la
mirada, y detrás de las escenas que el grupo generaba, veía
que se daban escenas como en capas de cebolla, de mayor profundidad, de más
regresivas a menos regresivas, de las más reveladoras formas de interacción,
del mundo interno. Además siempre aparecían escenas de los sistemas de
producción. No solo económica sino de los sistemas de producción cognitivos,
afectivos y de acción. A mí me llama mucho la atención como participan miles
de personas en Itatí, en Lujan o San Nicolás con intenciones completamente
diferentes pero compartiendo un mito organizador.
Esos fenómenos tienen detrás de la escena,
otra escena y otra escena y es así cuando uno lo pasa por la propia construcción
del esquema conceptual. Entonces tenemos escenas familiares que se agregaban a
las reales de las condiciones concretas de existencias, pero que eran además,
de carácter imaginario y que no podían, salvo raramente, explicitarse en el código
compartido, es decir, en lo simbólico. Entonces, en la construcción de los códigos
de los grupos sociales se expresan y existen, formas de producción, de vínculos,
éxitos y fracasos, placeres y dolores personales, institucionales y
comunitarios. En esos relatos, algunos explicitados y otros latentes, iban
apareciendo muchas de estas cosas. Ustedes recordarán que la lingüística
habla de significantes y de significados, los significantes son los soportes
concretos, materiales, de los significados. Los significantes emergían como símbolos
linguísiticos, gestos corporales, narraciones míticas de los comienzos de la
comunidad, obstáculos del presente, etc. De
este rasgo del existente, emerge la técnica como una secuencias facilitadota de
la narrativa social, pero no fue el psicodrama sino los juegos dramáticos los
que tomaron importancia. Llamo psicodrama a la técnica creada por Moreno, de
carácter psicoterapéutico, en donde los participantes fijan un escenario, los
roles, la escena y la juegan. En mi caso,
el inconveniente que le encontré a esta técnica, era una multiplicación y
movilización de aspectos personales, que
iba más allá de lo que ciertos grupos comunitarios podían tolerar, sobre todo
cuando terminaba la tarea y quedaban movilizados y solos. Propongo juegos dramáticos,
acotados, con sus consignas generadas desde distintas escuelas. Por ejemplo:
Lazarillo y el ciego; el viaje: con una salida, un desarrollo y un cierre. Y
otros, que ustedes han ido haciendo en los distintos talleres y laboratorios,
breves, con consignas específicas. Estos juegos permitieron ser apoyaturas de
las proyecciones grupales, como objetos intermediarios entre la acción y la
conciencia, porque el objetivo en definitiva, es tener conciencia, es darse
cuenta. Nosotros podemos decir, insight, darse cuenta, conciencia crítica,
falsa conciencia, tenemos una serie de términos. Falsa conciencia es una
conciencia equivocada.
No descarto
la explicitación verbal para poder ver los términos de la contradicción, sino
que le agrego la dimensión de lo latente e imaginario. Eran los propios grupos
los que realizaban la tarea de dar significado a la interacción, con la
colaboración del operador. Como operador creo que jugó con mucha intensidad,
el hecho de que me contrataban y yo les proponía la metodología. Viendo las
investigaciones que ustedes están haciendo, encuentro que hay un punto de
partida diferente. A las semana de la pueblada de Cutral-Có, y de Plaza
Huincul,siguiente les propuse esta
metodologías cuando me llamaron para que trabajara con ellos. Fueron más de
180 personas, en un salón gigantesco, y trabajamos con juegos. Es cierto que la
mayoría aceptaba el dispositivo, pero igual me interrogaba permanentemente por
el encuadre. Esta experiencia la diferencio de la investigación que realizan
ustedes porque deben elegir temas puntuales, y buscar los informantes.
Encontraba una comunidad donde una necesidad me convocaba y debí hacer
un buen diagnóstico de la necesidad, distinto a ustedes que tienen que recortar
un tema motivacionalmente estimulante, buscar los informantes,
decidir los ámbitos donde van a hacer las investigaciones,etc.
Y la metáfora lúdica es una investigación
que pude hacer con contratos en comunidades que me convocaban. El
posicionamiento inicial del operador, creo que juego en la forma, y también en
los resultados, y en los replanteos que como investigador realiza. Los grupos
con los que trabajé al principio eran de lo más variados. Por su número, hubo
grupos de 10, y hubo grupos de 160 personas, en distintas comunidades. Por su
composición, heterogéneos en general, pero también homogéneos,
profesionales, docentes, líderes de la comunidad, como en Necochea, Lobería, y
otras ciudades del interior. Por su
finalidad: de diagnóstico, (solian preguntarse en el contrato): ¿Qué nos
pasa?, ¿Qué nos sucede? , ¿Qué nos puede decir
o cómo nos puede ayudar a resolver alguna dificultad?). También de
elaboración de ansiedades, como aquel grupo en Resistencia, Chaco, que me
permitió incluir todo lo mítico en la lectura de otro concreto. Didácticos:
queremos aprender algo, como hiciéramos con Ana en Neuquén, en General Roca,
en Río Gallegos. De aprendizaje. De toma de desiciones, etc. Siguen convocándome
desde las más lejanas provincias, me sorprende y me interesa el trabajo, pero
debo reconocer que es más lo que aprendo que lo que enseño,
que me muestran más que lo que veo, lo que participan que en lo
intervengo yo, que solicitan a lo
que propongo. Y esto es un punto de vista particular en el trabajo de un psicólogo
social. Por lo que el rol se va transformando en un copensor, coaccionante,
compartiendo y diferenciándome en los aspectos desplegados.
Esto cuajó en una metodología particular
de trabajo que se llamó metáfora lúdica, y de acuerdo a lo que Clarisa me había
dicho, algunos conceptos centrales que merecen aclaración son el de unidad de
tarea: parto del existente, de un diagnóstico de este, y de la mayor cantidad
de vectores que se puedan aplicar a él en términos pichonianos y otros que
puedo ver, de conceptos que aplico para hacer un diagnóstico psicosocial.
Pienso la estrategia para intervenir y no abandono la idea de interpretación,
señalamiento y construcción, instrumentos que indican la presencia de los
factores que están operando. Como si dijera: está sucediendo esto por, pero no
atribuyendo causalidad. Cuando digo por, ya estoy introduciendo una interpretación,
sea por factores de lo real externo; de lo real interno, de la fantasía, de lo
mítico, etc. La construcción es una secuencia de señalamiento. Es una
combinatoria secuencial entre el señalamiento y la interpretación, pero la
interpretación es aquí/ahora, dándole el peso a un determinado sentimiento o
aspecto de lo real externo o interno, pero recortado. La construcción muestra
la evolución de la aparición de indicadores.
El otro tema, sería, el concepto de retículo,
que pueden encontrar cuando uno trabaja para el cambio.
Lo que llamo la función “poxipol”, es decir, atravesar la escena
depresiva y aproximar los términos. La
función poxipol se cumple de distintas maneras, y sin embargo, al lado de la
idea de transformación y cambio, tenemos que considerar la apoyatura
psicosocial. Los que queremos cambiar algo debemos trabajar en términos reales
y esto no siempre se piensa. Se trabaja como en una permanente función de
cambio, sin pensar en el soporte de lo estable, de la apoyatura que el psiquismo
necesita para poder pegar el salto. ¿ Cómo voy a pegar un salto si no cuento
con una orilla suficientemente firme?. Entonces, hablo de retículo y de cambio.
El cambio es el proceso de transformación, pero ¿qué formas reticulares tengo
a nivel del mundo interno, y en esa comunidad, para transformar la forma de
interacción y de producción con los objetos de la naturaleza?, ¿cómo es el
juego de lo permanente con lo cambiante?.
El concepto de retículo lo busco, a través
de Wallon,de Politzer de Fairbain, de distintos autores. En el mismo Freud,
inicialmente cuando habla en la primera tópica de que el ser humano tiene una
conciencia, preconciencia e inconciencia, y después dice un yo, un ello, y un
superyo. Hay formaciones de la personalidad. Pichón, con su idea de mundo
interno que toma de Fairbairn, en un capítulo de Psicoanálisis de la
personalidad, y que siempre rescato dice: la persona se configura como un núcleo,
un self, que son las identificaciones nucleares, y núcleos, identificaciones
orbitales. Es mucho más fácil cambiar lo orbital, del amigo que hice en el último
curso, que de lo nuclear, que son los padres, los personajes significativos. Y
el retículo tiene mucho más que ver con el cúmulo de experiencias-como diría
Winnicott-suficientemente buenas, para configurar un soporte, para poder
cambiar. Sino no puede cambiar, me
vuelvo loco, y habría una dialéctica entre lo que se tiene y el cambio.
El problema es, no sólo trabajar con el cambio, sino, con los núcleos más
estables. Donde, y de dónde van a surgir las resistencias. Este juego entre lo
permanente y el cambio, es la idea
central del concepto de retículo como trama que se da a en lo
personal, grupal, institucional y
comunitario. Los factores de poder están atacando cada vez más el retículo
comunitario, porque les resulta mucho más fácil dominar un pueblo confundido,
que uno que cambia. El cambio puede nos ser el que yo quiero, y la historia lo
demuestra, no siempre el cambio va en el sentido que uno quisiera. Se puede
tener esperanza, y seguir trabajando en psicología social a pesar de la
resistencia que nuestra actividad provoca. Los
aspectos más estables deben ser considerados al hacer una investigación,
porque permiten el vínculo con los grupos y las comunidades. Para tener
conciencia de su historia, y de los factores que intervienen, puedo ir a una
comunidad y debo escuchar sus necesidades.
Pichón había observado ya en su época, que las comunidades cuando
cambian de territorio (uno de los grandes temas de su investigación fue el de
las migraciones), y de de paisajes tienden a reproducir en el nuevo lugar, las
condiciones del anterior, llámese bolivianos, paraguayos, peruanos con sus
comidas, su música, sus costumbre. Decía, es la posibilidad de transformación
y de esfuerzo que hacen esas comunidades para adaptarse activamente a la
sociedad argentina. Entonces, son factores a considerar, en donde la aculturación
consiste en descalificar la cultura del otro para valorizar la propia por
prejuicios (danzas, gestos, posiciones corporales, etc),
El asunto no es proponerse sin prejuicios,
no le creo a un operador psicosocial cuando me dice: no tengo prejuicios, yo
tengo todo resuelto. Pienso que lo tiene oculto, el tema es trabajar el mundo
interno ante el prejuicio. La comprensión de la conciencia viene después de
conciencia crítica, de explicitar los elementos que se juegan, y de un trabajo
entre lo permanente y el cambio. Y ahí encontramos como ir generando aspectos
reticulares, las apoyaturas, para lo cual, todo este trabajo.
Cuando conozco nuevas técnicas, nuevos
juegos, los agrego. Tuvo mucho que ver también mi trabajo en la Escuela de
Psicomotricidad de Mirtha Chokler y Noemí Beneito donde realicé las primeras
experiencias de juego como explicitador, facilitador y revelador de la dinámica
grupal. Cuando el juego no es pertinente, no es revelador.
Si no tengo fotos o cubetas, ¿qué voy a revelar?. Se empobrece la
proyección, de ahí la importancia de la elección de una metáfora
posibilitadota y enriquecedora. Además de la lectura que como operadores
debemos hacer de las metáforas que el grupo produce. En esta clase les he
contado parte de mi trabajo. Gracias.
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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