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ANA P DE QUIROGASÍNTESIS A MODO DE INTRODUCCIÓN El
"Prólogo" de Del psicoanálisis a la psicología
social es un texto en el que Enrique Pichon-Rivière presenta su obra, y por
eso es una reflexión
ante aspectos de su trabajo, que ve allí
objetivados. Es un reencuentro con su producción,
con lo hecho, con lo pensado. Por
ese carácter de reflexión sobre su obra y su vida, ineludiblemente entrelazadas,
que E. Pichon-Rivière plantea en ese "Prólogo",
logra en él síntesis
muy significativas de su pensamiento. Entre las
frases de ese texto fundamental en la obra de E. Pichón-Riviere,
recorto hoy una: "La trayectoria de mi tarea, que puede describirse
—y
esto es lo que subrayo—
como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió
el descubrimiento de su índole
social, se configura como una praxis que se
expresa en un esquema conceptual, referencial y
operativo (ECRO)". En
esa indagación sobre la conducta se inscribe lo
que en otro texto, Conversaciones con Enrique
Pichon-Rivière, es planteado como motor de su
búsqueda: ese querer saber, esa pregunta fundante
por el hombre y en particular por la tristeza,
de la que dice intuye que está detrás de las conductas
"especiales". Saber del hombre y del lugar de la tristeza en la
conducta. Esos
interrogantes que se abren para E. Pichon-Rivière
tienen su fundamento en una
historia personal de contrastes culturales,
de impacto de esa confrontación de dos mundos: el
europeo y el guaraní, el ciudadano y el
campesino. En una historia personal y familiar de desarraigo, pérdidas, exigencias
adaptativas. Historia vivida en un medio cultural
en que, como él lo señala, la temática de la muerte, el
duelo, la locura, el juego de lo siniestro y lo maravilloso ocupan un lugar
central. Una
ecuación de causas llevan a E. Pichon-Rivière a investigar en el campo de la
enfermedad mental y del proceso creador, y en esa
investigación descubre la articulación
de estos fenómenos, que serán comprendidos por
él como los polos de una contradicción, interdependientes
y excluyentes- E.
Pichon-Rivière, en sus escritos, hace referencia
permanente a caminos, a trayectorias, a pasajes.
Uno de ellos, de un esquema teórico, de una perspectiva:
el psicoanálisis, a
otra: la psicología social. Pero no es la única
trayectoria, podríamos nombrar otra: de la
investigación centrada en la enfermedad mental, desde su tarea psiquiátrica, a
una nueva apertura, en la que sin dejar esa investigación
y esa práctica pondrá el eje en la promoción de
la salud. De la indagación
de la patología a la investigación de toda conducta. En
esa ampliación de campos encuentra un hilo conductor y articulador: los
procesos de aprendizaje. La enfermedad será caracterizada como detención,
deterioro, empobrecimiento de los procesos de aprendizaje, y en su causalidad
aparece una elaboración fallida de pérdidas, una situación de privación que
no puede ser resuelta por el sujeto. Al
investigar sobre la psicosis y sobre el proceso creador, al inicio de su práctica,
E. Pichón -Rivière trabaja sobre sujetos de experiencias límites, de
profundas crisis, y descubre que ambas experiencias enfrentan al sujeto con la
vivencia, con la fantasmática
del objeto destruido. ¿Con qué diferencia? En una situación el sujeto
podrá enfrentar a sus fantasmas y pondrá en marcha los mecanismos de reparación,
podrá integrar el objeto, ir elaborando el conflicto de ambivalencia,
visualizar e ir logrando sucesivos niveles de resolución de sus
contradicciones. ¿Qué le sucede al sujeto que enferma? Queda atrapado en esa
fantasmática. Detenido en la inhibición de la posición depresiva básica, con
la que se quiere evitar la pérdida del objeto, al que se vive ya como perdido,
o en la rigidización y el estereotipo de la disociación, la proyección, que
le impedirán reconocerse a sí mismo, reconocer al otro, apropiarse de la
realidad. Son
la práctica clínica y la experiencia en el campo de la formación las que le
plantean que esas posibilidades no se dan en forma absoluta en el sujeto, que
hay una dialéctica de aspectos sanos y enfermos, y que en esa dialéctica hay
dominancias. Y a la vez, que esa relación conflictiva con el objeto, esa
contradicción amor-odio, esa dramática del objeto perdido, destruido,
abandonante, y esa dramática del objeto idealizado y el objeto persecutorio no
son exclusivas, privativas del sujeto de la experiencia limite, son universales
del desarrollo del psiquismo, en primer término, y de las vicisitudes de
nuestra trayectoria vincular. Se va entonces afianzando en su marco conceptual
el criterio de salud identificado con el aprendizaje, el desarrollo de las
potencialidades creativas, la relación dialéctica, mutuamente transformante
sujeto-mundo, relación en 1a que se va dando la reparación del objeto amado y
del sujeto, relación en la que podemos decir que el sujeto está en tarea en
función de un proyecto de vida. Decíamos
que E. Pichon-Rivière parte de su experiencia clínica, la que realizada desde
un marco referencial psicoanalítico implicaba fundamentalmente el análisis de
la transferencia. ¿Qué le mostraba ese análisis? Que se desplegaba en el vínculo
terapéutico una dramática, una fantasmática, una modalidad de interpretar la
realidad, los vínculos. En la transferencia el paciente intentaba poner en
escena una trama argumental interna. Las escenas de su mundo interno, sus fantasías. E.
Pichon-Rivière se pregunta: de dónde surge esa dramática, cuáles son sus
condiciones de producción. En tanto psicoanalista, era fundamental articular
esa dramática, esa estructura del mundo interno con la historia de ese sujeto,
cómo se dio esa configuración, y lo hará en primer término indagando las
etapas del desarrollo, la articulación en la configuración de la conducta, de
lo previo y lo actual. Hablará entonces de una policausalidad. Para
E. Pichon-Rivière —y
esto lo recoge tanto de su fundamentación en el psicoanálisis como en el
materialismo histórico y dialéctico, como en criterios vigentes en el pensar
de su tiempo—
no hay una determinación lineal y única de un fenómeno. En la salud como en
la enfermedad hay una ecuación causal, una intrincación o articulación de
factores. Así habla de policausalidad y distingue en ella un factor
constitucional, ya enunciado por Freud, en el que E. Pichon-Rivière
distingue lo genotípico, que se refiere a lo heredado, a la fórmula genética,
y lo fenotípico, es decir lo que resulta de la acción del medio en esa
estructura hereditaria. En lo fenotípico E. Pichon-Rivière incluye en forma
activa y directa el orden vincular social, como
factor determinante que actúa a través de modificaciones biológicas
en la vida intrauterina. Igualmente el orden social está presente en lo
heredado en tanto determina modificaciones en la
especie. Una
vez nacido el niño, dice E. Pichon-Rivière, el factor constitucional interactúa
con otros elementos determinantes, que son las vicisitudes vinculares
del sujeto, las alternativas de su proceso de desarrollo, que implica para el
sujeto una permanente exigencia adaptativa: el
nacimiento, el establecimiento de una nueva modalidad de relación con la madre,
en la que ella desempeña esa función yoica o de
sostén, la integración de la madre como objeto
total, la redefinición de su esquema corporal, el
descubrimiento, la inscripción en el sujeto del
tercero, es decir el reconocimiento de la presencia
del padre, mediada primero por la madre. Son
múltiples los momentos de su desarrollo que plantean crisis vitales, rescatando
de la crisis su doble condición: de posibilidad
de crecimiento o de estancamiento y génesis de un
deterioro. Dice E. Pichon-Rivière, si el
conflicto se resuelve en una solución integradora,
si las ansiedades son elaboradas, el proceso de aprendizaje de la realidad
continúa su desarrollo normal. Pero si el
sujeto no puede elaborar su angustia ante el conflicto y la controla
y reprime por medio de técnicas defensivas, que
pierden su carácter instrumental al rigidizarse y
estereotiparse, el conflicto no se elabora. Hay un intento fallido de elaboración,
se elude, pero queda latente como factor disposicional
al que se puede regresar a partir de un factor actual,
situación de pérdida en el aquí y ahora, que por su intensidad o por la
intensidad del factor disposicional determina un
proceso regresivo. Una regresión a lo disposicional. Como
vimos, E. Pichon-Rivière, investigador de la psicosis, indaga en particular los
puntos disposicionales más arcaicos. Toma en
cuenta entonces la forma de experimentar y resolver la crisis de nacimiento,
primera privación o protodepresión, las
formas de elaborar la primera etapa del protovínculo
(vida de los primeros seis meses), y jerarquiza
como crisis vital la experimentada en la posición depresiva del desarrollo, con
la integración del objeto, el reconocimiento de
la coexistencia de aspectos gratificantes y frustrantes, abandonantes, el
conflicto amor-odio, el vínculo a cuatro vías,
la reforzada angustia por la pérdida del objeto
amado, que abandona y al que se desea destruir, al que sp
fantasea atacado y destruido por el propio odio, la culpa, el dolor, la
soledad, y como intento de controlar el caos: la
inhibición. Esto configura una estructura a la que E. Pichon-Rivière llama posición
depresiva básica o depresión básica, que puede tener mayor o menor peso o
intensidad como factor disposicional. Algunos
de ustedes entendían, siguiendo a otros docentes de la Escuela, que esta
situación es el núcleo patogenético, y de algún texto de E. Pichon-Rivière,
Una nueva problemática para la psiquiatría, se infiere esto. Pero si
bien esa posición depresiva básica es nodal en este núcleo patogenético, éste
no se agota allí, ese núcleo necesita para configurarse e instalarse en el
sujeto de un factor actual lo suficientemente significativo para desencadenar un
proceso de regresión, y de un proceso de regresión que active y refuerce esa
situación depresiva básica, fallidamente elaborada. Esto
está más claramente planteado en Una teoría de la enfermedad, que E.
Pichon-Rivière escribió posteriormente para una revista cuya referencia
bibliográfica no aparece en el libro sino que aparece como una clase dictada en
la Escuela; en realidad no fue así, E. Pichon-Rivière mandó ese trabajo una
vez que estaba enfermo y no pudo venir a dar clase. Este trabajo fue publicado
en un número de Psiquiatría coordinado por la doctora Blanca
Montevechio. Con ella planteamos una serie de temas que no habían quedado
claros en otros textos y E. Pichon-Rivière contestó específicamente en Una
teoría de la enfermedad a ciertos interrogantes. Por ejemplo, replantea una
idea formulada en Una nueva problemática para la psiquiatría, la idea
de que la protodepresión implica ambivalencia. Eso es rectificado, no hay
posibilidad de ambivalencia, sería preambivalente. También aclara más el
concepto de áreas y está más claro respecto de lo que es el núcleo patogenético. A
mayor dificultad en la elaboración de la secuencia de privaciones y en
particular de la depresión del desarrollo, a mayor monto del mecanismo de
inhibición, mayor significatividad de esa estructura depresiva básica como
factor disposicional. En
el proceso de desarrollo el sujeto inicia su proceso elaborativo apelando a las
técnicas de la posición previa o esquizoparanoide. Esa regresión y apelación
es operativa y en particular si le permite una nueva integración o sucesivas
integraciones del objeto y resolución en ese nivel del conflicto. La regresión
a ese punto disposicional desde otros estadios del desarrollo, a partir de un
factor desencadenante, la reactivación del conflicto y la intensificación de
ansiedades, determinan una detención o empobrecimiento del proceso de
aprendizaje. La intensidad de la estereotipia, de la ruptura de la dialéctica
sujeto-realidad, mundo interno-mundo externo nos dirá hasta qué grado el
sujeto ha enfermado. A
esta secuencia del desarrollo: protodepresión
-
posición instrumental -posición
depresiva del desarrollo, y la alternancia de estas posiciones en otros estadios
de la vida, tanto en la salud como en la enfermedad, E. Pichon-Rivière la llama
principio de continuidad genética y funcional. Desde esta perspectiva está
indagando y respondiendo a la pregunta por la relación entre el mundo interno
del sujeto, su conducta y su historicidad, sus vicisitudes y trayectoria
existencial. Pero
otras experiencias abrían el mismo interrogante y aportaban respuestas. Hemos
hecho referencia a su experiencia en el campo de la urgencia psiquiátrica: el
abordaje del paciente en crisis le da, primero en forma espontánea, una
posibilidad de encuentro y observación del grupo familiar, también en crisis.
Esa experiencia le permite establecer relaciones de causalidad dialéctica, no
lineal, no mecánica entre la estructura y dinámica del mundo interno del
paciente y la estructura y dinámica del grupo familiar, cuyo abordaje se
plantea ahora como encuadre, como unidad de análisis del proceso del
enfermarse. En ese grupo la emergencia de la enfermedad a través de un portavoz
pone de manifiesto mecanismos de interacción, las ansiedades que recorren la
situación grupal, los procesos defensivos, el juego de roles, el destino de las
necesidades de los integrantes de ese grupo, y es factible inferir el sistema de
fantasías que sostiene esa forma de interacción, es decir, las vicisitudes de
la mutua representación interna. Las formas de comunicación ponen de
manifiesto una suerte de semántica familiar, códigos verbales y de conducta en
general- En esa complejidad de relaciones, en el interior de ese sistema, la
conducta y el discurso del paciente se revelan como un intento de respuesta
coherente y significativa. Así como Freud descubría el sentido del síntoma al
articularlo con las vicisitudes de la vida afectiva del paciente, E.
Pichon-Riviere es el primero en nuestro país que articula esa conducta, ese
acto, ese discurso, la estructura de ese mundo interno, con las formas de la
interacción familiar. Simultáneamente, quizá desde otras perspectivas, lo
hacen Jackson, Bateson, Ackerman en los Estados Unidos. Este
descubrimiento de la direccionalidad de la conducta, de los niveles de
determinación del psiquismo en las modalidades de la interacción familiar
tiene consecuencias teóricas, no sólo clínicas. Surgen preguntas: qué lugar
ocupan las relaciones reales, la experiencia con el otro, la acción
significante del otro, que se mueve hacia la gratificación o la frustración.
Esto estaba abierto en gran medida desde Bion y Winnicott cuando hablan de la
función yoica, función alfa, función de sostén que es función vincular.
Pero para E. Pichon-Rivière la respuesta que desde su marco teórico psicoanalítico
tenía a su alcance era insuficiente. E.
Pichon-Rivière comienza a elaborar líneas conceptuales claves en su teoría.
Plantea que el grupo o mundo interno, como dimensión
intrapsíquica, es una reconstrucción, un reflejo
no especular de la red de relaciones en la que el sujeto emerge. Influye en esta
concepción no sólo el pensamiento psicoanalítico
y la idea de mundo interno, más ligada a una actividad fantasmática
con un alto grado de autonomía de la experiencia, sino que en este plano E.
Pichon-Rivière recoge el aporte de George Mead.
De allí surge la idea de la eficacia de la interacción, eficacia
causal, configurante. Y entonces la noción de relación de objeto, que desde el
psicoanálisis estaría planteada como aquélla que da cuenta de la relación
del sujeto con su mundo, va a ser cuestionada por E. Pichon-Rivière y
sustituida por la de vínculo,
en tanto estructura interaccional y determinante.
La relación de objeto se sitúa en la perspectiva del sujeto, es lineal, es una
producción del sujeto que está más allá de sus relaciones reales. En esa
relación el objeto ama, odia, ataca, protege, se introduce en el sujeto, etcétera.
Pero toda esa actividad fantasmática tiene como eje al sujeto y el hacer, la
presencia, la ausencia del otro es sólo un accidente, el otro permanece
trascendente a ese acontecer intrapsíquico. Para E. Pichon-Rivière desde lo
indagado a nivel de grupo familiar, ese acontecer intrapsíquico, intrasujeto no
puede ser comprendido sin analizar la dimensión de 1o intersubjetivo,
las relaciones que ambos sujetos establecen, el cómo se afectan recíprocamente.
Pero el poner la mirada en lo interaccional, lo intersubjetivo, para comprender
lo intrapsíquico, implica a su vez cuestionarse por otras relaciones que
afectan y determinan a los vínculos: el orden grupal, el orden de las
instituciones, y el más fundante: el de las relaciones sociales, que sostienen
y determinan a esos vínculos. E.
Pichon-Rivière ha cambiado de óptica, de perspectiva. Plantea una psicología
social fundada en una concepción del sujeto como síntesis de sus relaciones
sociales. Se articulan en ese esquema una conceptualización a partir de la clínica
y una fundamentación en una concepción del hombre y la historia. Nos
queda a nosotros como tarea seguir avanzando en un camino que E. Pichon-Rivière,
y no sólo él sino otros, dejaron abierto. La indagación de las formas, los ámbitos,
los procesos y mecanismos en los que se da esa configuración de lo subjetivo,
es un aspecto de la tarea de la psicología social en su constitución como teoría
y es hoy un aspecto central aunque no único de nuestro proyecto institucional. Pienso
en la estructura de estas clases: rescaté una historia, la del pensamiento de
E. Pichon-Rivière. La fuimos en alguna medida recorriendo, y termino hablando
de un proyecto que en parte fue suyo, pero que hoy es nuestro. Proyecto y
proceso productivo y creativo que es una manera de elaborar los duelos, de
reparar el objeto y de repararnos nosotros mismos. Hay una cierta similitud con
la tarea que ustedes comenzarán a desarrollar: el rescate, el recorrido de esta
etapa de aprendizaje, y sin duda un replanteo o una elaboración de proyecto.
Ustedes podrán vislumbrar quizás hasta qué punto este proceso grupal de
aprendizaje ha sido para ustedes creativo, reparatorio. No
puedo obviar que hay aquí quienes tenemos el duelo instalado en este proceso.
Les diría, nos diría, que un momento de la pérdida es la fantasía de no
tener capacidad creativa, reparatoria. De estar tan destruido como el objeto.
Enrique Pichon-Rivière indagaba en la tristeza no para quedar atrapado en ella,
sino para superarla a través de la creación. Él decía: "Quien se
entrega a la tristeza renuncia a la plenitud de la vida". 25
de noviembre de 1986 |
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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