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  Pichon Riviere a comienzos de los años `30

Antecedentes lejanos del Pichon-Rivière  fundador 
de una psicología definida como social

Fernando Fabris

 

         La trayectoria de mi carrera, que puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social, se configura como una praxis que se expresa en un esquema conceptual, referencial y operativo.” (subrayado mío, FF).
 
Enrique Pichon-Riviere
El Proceso Grupal, Prólogo

            Tareas vinculadas a los Hospitales Psiquiátricos realizadas en el marco de  la Red Nacional de Arte y Salud Mental de la que soy integrante me relacionaron en cierta medida casualmente a un  joven profesional, Ricardo Silva con quien  establecimos una amistad que tiene entre sus componentes fundacionales la admiración por la obra y la figura de Enrique Pichon-Riviere.

            Ricardo tuvo la  idea de presentarme a un distinguidísimo miembro  del Centro Médico de Mar del Plata, el Dr. Miguel Jörg[1] a quien conocí en una cena que compartimos en aquella bella ciudad. En esa ocasión, septiembre de 1998, y a lo largo de casi 4 horas de conversación pude escuchar a Miguel –como él me pidió que lo llamara- hablar sobre figuras como Bertrand Russell, Roberto Arlt, Jhon Pescada y Pichon-Riviere.

 Miguel, quien fue durante 14 años jefe de laboratorio de la Expedición de Salvador Mazza (MEPRA)  y que tiene publicado alrededor de 500 trabajos científicos vinculados a las enfermedades transmisibles, fue compañero, amigo y testigo de Enrique Pichon-Riviere en una época que podríamos definir como de  búsquedas iniciales. Guardó recuerdos y anotaciones de aquellos años que hablan de la personalidad del Enrique Pichon-Riviere de entre  23 y 33 años. Aquellos registros dan extenso testimonio de los intereses científicos de Pichon muy previos a la época  en que este conoció a las personas con las que años después fundaría  la Asociación Psicoanalítica Argentina.  Entre las cosas conservadas por Miguel tal vez sea la más significativa  una definición de conducta que elaborara Pichon en los años 35-36.  En aquella definición puede encontrarse el punto inicial de aquella preocupación que Pichon-Riviere definió como medular: el estudio de la “estructura y sentido de la conducta".

 En aquella antigua definición que Miguel Jörg salvó del olvido, están presentes, al igual que en otros testimonios, los rasgos definitorios de este  “hombre excepcional” que fue, al decir de Jörg, Enrique Pichon-Riviere.

 

Actitudes e intereses de Pichon

 

Jörg describe al joven Pichon-Riviere –años 1930 a 1940- como un buscador incansable, con una capacidad genial en lo que a actitud científica se refiere. Lo define   como una persona cuyo interés fundamental era  comprender “la variedad de las conductas humanas”. Dice que con ese fin solía hacer extensas encuestas a las personas que tenía cerca sobre sus gustos, inclinaciones y la forma y ambiente en que habían sido criados. Pichon tenía ya por aquel entonces, al decir de Miguel,  tres características propias de los grandes hombres: “pasión, continuidad –no conocía el ocio -, y gran creatividad”.

         Miguel Jörg se conoce con Enrique Pichon-Riviere en el Curso de Actualización  que organiza en el año 1930 el Centro de Estudiantes de la Facultad de Medicina de Capital Federal.

Pichon concurre –teniendo ya  conocimientos de fisiología del sistema nervioso- a éste  Curso dictado por Jörg que trataba sobre  las correlaciones entre el sistema nervioso de distintos animales y el comportamiento de los mismos –particularmente descubrimientos recientes sobre el S.N. del  grillo-.   Jörg en su calidad de Dr. en Ciencias Naturales -  recibido en Alemania siendo aún muy joven- dictaba aquel Curso de  Anatomía Comparada. Pichon se apasiona con aquellos temas y a partir de allí se funda una relación  cuyo interés central giró en torno al estudio de la neuropsicología[2]. Es desde este marco conceptual –neuropsicológico y social- que Pichon elabora pocos años después una definición de conducta que puede considerarse precursora de los desarrollos del “último Pichon”, aquel que da cuenta definitiva –como él mismo señala- de los cambios en su esquema referencial al publicar la serie que titula “Del Psicoanálisis a la Psicología Social”.

Intereses y gustos artísticos

             Otro interés que compartían estos jóvenes amigos eran los referidos al arte. Según Miguel, Pichon estaba profundamente interesado por la obra Salvador  Dalí y del surrealismo en general –años después como es conocido se interesaría por la de Picasso -.  Además le inquietaba comprender el significado del arte abstracto que  producían pintores como Paul Klee y Vasilio Kandisky. Ambos pintores vinculados a la Bahuaus que tenía  origen en Alemania por aquellos años.[3]

            En lo que se refiere a lo musical Pichon gustaba del tango pero, por aquel entonces, mucho más aún del Jazz, particularmente el más antiguo, el Dixie Jazz que decía que no estaba   contaminado por el intento posterior de conquistar al público blanco. Pichon había elaborado  una serie de hipótesis acerca de las distintas etapas de desarrollo del Jazz y su relación con el movimiento de liberación de los negros. Le asombraba lo que habían logrado los negros a partir del mismo. Contrariamente a esta valoración positiva del jazz –al cual admiró toda su vida- se pronunciaba despectivamente sobre los valses vieneses a los cuales definía como el “refugio bailable de los mediocres”.

 

Jazz más que Tango

 “No era su afición más importante el Tango. A veces íbamos pero le interesaba más el Jazz por una cuestión psicológica que era la defensa del negro y de cómo había conquistado un lugar en el mundo entero a partir del Jazz. Era el Dixie Jazz que era la forma más antigua del jazz negro. El comentaba sobre como lo habían modificado para que le interese más al blanco, era más lento. Duke  Ellington era uno de los que había modificado el antiguo jazz, más rítmico; les interesaba conquistar al blanco."

 

 La tristeza

             Es curioso pero el Pichon de aquellos años es descripto por Jörg como una persona más bien introvertida aunque de ninguna manera triste. Esto contrasta con múltiples semblantes posteriores que lo definen como teniendo  una franca  tendencia a la depresión.

Dice Jörg,  y en esto coincide con muchas otras personas,  que cuando se le planteaba algo, se le daba un pié ,  Enrique comenzaba unos riquísimos diálogos y hacía observaciones y reflexiones que eran sorprendentemente profundas. Se daban así largas horas de conversación.[4]  El área que abarcaban sus conocimientos era muy extensa y comprendía los temas más disímiles, desde los “sistemas de integración funcional” del sistema nervioso hasta temas cotidianos como por ejemplo la vida de los cocheros de plaza.         

 

-   ¿Era una persona triste Pichon?

-         No. En nuestros contactos no. Era sereno. No era efusivo ni  extrovertido. Más bien espectador, pero si uno le daba pie, en el chiste y la broma ahí si. Por cosas que él me decía, yo tuve la impresión de que cuando se unió a Arminda Aberasturi no tuvo una total satisfacción matrimonial, desde el punto de vista espiritual. 

 

     Pichon-Riviere como es sabido se interesó por la política fundando en su juventud el Partido Socialista de Goya. Posteriormente no militó en partidos políticos. Jörg refiere que Enrique tenías desconfianza de lo que sucedía en la Unión Soviética en los años '30 sobre todo respecto de que se volverían a generar privilegios y por lo tanto una nueva explotación. No obstante entre los libros que estudiaba se encontraba “El Capital” de Marx. Por aquel entonces le pidió a Miguel Jörg –que hablaba perfectamente el alemán- que le tradujera algunos fragmentos del original alemán ya que tenía dudas que la traducción francesa que   tenía fuera correcta. También es conocido que Pichon  fue parte de organizaciones de apoyo a la República Española y que había tenido la intención de sumarse a las brigadas internacionales que por entonces cooperaban con la República.[5]

           Pichon no tenía un apego especial por las cosas que escribía ya que las consideraba pasos intermedios de lo que siempre estaba inventando o creando. El Pichon de aquellos años según Miguel, no era afecto a comprar libros sino más bien a ir a Bibliotecas y hacer resúmenes. Juntos  recorrían continuamente  las de Capital Federal.  Enrique ponía el esfuerzo principal en el registro de las conclusiones que sacaban. Cuando necesitaban–con una máquina Agfa de Miguel –,  sacaban fotografías de alguna  página que les interesaba. [6]

             Volviendo al tema inicial, el carácter triste o no de Pichon,  hay un comentario significativo que recuerda Miguel. Avanzada la amistad  entre ambos Pichon  le dijo  en una ocasión que sentía  particular afecto hacia él  ya que  “parecía no conocer la tristeza”. Conocer hoy al Dr. Miguel Jörg es en algún sentido compartir aquella percepción de Pichon-Riviere ya que este joven de 90 años trasmite hoy una vitalidad y lucidez notable, como creo que él  sabe aunque en función de la humildad científica que lo caracteriza no promocione.

             Lo cierto  es que la tristeza en el Pichon-Riviere de los años 30 no parece tener ese lugar tan central que  va teniendo  en años posteriores.

            Pichon se refería por aquel entonces, con cierta nostalgia, a Ginebra a pesar de haber vivido allí sólo su primerísima infancia. Sus referencias al Conde de Lautremont, eran habituales aunque más bien a través de chistes o ironías. 

 

Lautremont y el surrealismo 

“Lautremont era motivo de continuos comentarios  aunque más bien humorísticos. Allá por el 32-33. No tengo anotado sobre ello. Sobre el surrealismo era muy aficionado. Le fascinaba Salvador Dalí, había estudiado toda la biografía de él...Mostraba como en Velázquez había antecedentes  del surrealismo.” 

La influencia de Roberto Arlt

             Por aquellos años Miguel (Jörg), Roberto (Arlt)  y Enrique (Pichon-Riviere) formaban con cierta asiduidad un trío de jóvenes amigos que compartían   experiencias. Los tres habían trabajado en el Diario “Crítica” que dirigía Natalio Botana. Enrique visitaba con frecuencia la casa de Miguel. Arlt también. Roberto (Arlt) le decía en tono chistoso a Miguel  que aprenda a comportarse correctamente como Enrique (Pichon-Riviere), que vea las finas camisas que usaba y que aprenda, que él si (Enrique) iba a llegar lejos.

Roberto Arlt había conquistado la aceptación de la madre de Miguel a través de interesadamente alabar la voz de contralto que ella tenía. La madre de Miguel, que lo había visto al principio con desconfianza, luego de aquel comentario se presentó en la pieza donde estaban reunidos los amigos con un café con leche y galletas para cada uno.

Por el contrario Pichon era sumamente correcto y se ganaba la aceptación de la madre de Miguel en base a cortesías y por medio de dialogar en francés con ella. Esta era una actitud constante en el joven Pichon-Riviere que en el diálogo cotidiano,  intercalaba en sus comentarios  frases en francés que lo situaban, al decir de Miguel Jörg,  en el estilo de “bon faire” francés. 

Enrique a su vez le sugería al joven  Miguel que no use  lenguaje de reo. El campeón del reo e “irrespetuoso” era Roberto que era capaz de poner un dedo en la sopa para asegurarse que nadie más tomara y así él tuviera lo suficiente. O proponer, en el año 36, en pleno café Tortoni y para escándalo de lo más selecto de la literatura porteña, que se le hiciera un homenaje a Jhon Pescada, desconocido inventor del inodoro. Arlt se festejaba y persistía en estas actitudes. En una ocasión llamó por teléfono a Enrique para que se acerque a un cafetín de la Boca a conversar con unos ladrones que en diálogo con Arlt querían aprender formas de robar sin ser descubiertos.[7]

              Pichon Riviere y Roberto Arlt trabaron posteriormente una intensa amistad. La diferencia de caracteres de ambos en aquel comienzo y la presencia en el Pichon adulto de algunos gestos de irreverencia “arltianos” son seguramente signos de una identificación profunda con él.

             Ya por aquel entonces –cuenta Miguel- Pichon-Riviere le reconocía a Arlt la gran capacidad de observación que este tenía respecto  del hombre de la calle, de la gente común. Este es otro de los rasgos de identificación y herencia que Pichon-Riviere reconoce explícitamente en Conversaciones... para con  Arlt a quien define  como su maestro.  

 

En Crítica.

“La época más intensa de nuestra relación fue entre los años 34-35 ya que nos encontrábamos en el diario Crítica. Yo era colaborador, tenía una columna  de divulgación científica y Pichon-Riviere también escribía allí”. “Arlt era otro de los que trabajaban allí”.

            “Tenían cada uno un  sentido distinto de la genialidad. La genialidad intelectual, científica de Enrique contrastaba con la genialidad de Roberto Arlt en lo que Enrique le reconocía, la capacidad de análisis del mundo de la calle, de los contornos y elementos sociales más crueles, más difíciles.”

            “Luego Pichon, en el 36,  tuvo un disgusto  y  una situación casi violenta, una discusión con Natalio Botana. En Crítica hasta el 30 era Jefe de Redacción un tal  Vedoya;  luego Petrone que era mucho más crítico. Llegaron a un acuerdo ó algo así con Botana y Pichon se va del diario. Pichon no era manejable ni de dejarse manejar. Eso le debe haber traído seguramente más tarde problemas en la APA”

Las ideas originales

             Lo que es curioso –aunque no tanto en Pichon- es que casi no se conserven escritos ó notas de aquella época fermental.[8] Ana Quiroga comenta que en un momento de recopilación de la obra de Pichon se hizo evidente la ausencia de signos de aquella etapa. Pichon recordaba haber perdido entre otros  escritos uno llamado  "El Delirio de Frégoli”.  Miguel conservó – sin saber la importancia que tomaría más de 60 años después- notas acerca de las ideas que compartían y  definiciones y frases originales de Pichon. Se agrega a esto   una  serie de tres poesías del año 1936 llamadas “Existenciales”.

 

Precisiones

            “Entre el 31 y el 32 asistió a mis clases sobe anatomía comparada, adaptación y medio ambiente y entre el 32-33 empezaron a florecer sus ideas. En el año  36  yo empecé a viajar más y no nos veíamos tanto. En el 42  es absorbido por la APA.   En aquel tiempo había mucho de cafetín.  Entre ellos estaba  Federico Aberasturi que era embriólogo y  amigo mío. Por aquel entonces escribíamos poesías."

Es el propio Pichon quien ubica en el comienzo del Prólogo a “Del psicoanálisis a la psicología social. El Proceso Grupal” una poesía  que escribió a sus 17 años. “Connaissance de la mort.”  Esto no es extraño ya que  utilizaba el lenguaje poético con asiduidad. La aparición de las tres poesías de 1936 que aquí presentamos vienen agregarse a las muy pocas que se conservan.  Es otro área donde se expresa ese poco apego que mostraba Pichon Riviere para con lo que producía.

             Antes de pasar a las ideas originales de aquel joven Pichon-Riviere veamos estas poesías que como decíamos estaban  hasta aquí  inéditas.

 

EXISTENCIALES

 

Todo lo que veo y siento

es recuerdo o su sombra

memoria densa e inquieta

que me atiza

con cada paso transcurrido

Cajón desnudo

que atesora silencios

Que aun agazapados

saben alcanzarme

con destellos a mi todo

entre laberintos de imágenes

que devoran mi pasar

en lenta fragmentación

de certidumbres y dudas

Ya que mi rostro de entonces

ya no es el mío

 

                 ***

 

Quieras confundir al desaliento

de la incógnita callada

que buscas despejar

con presurosa curiosidad

Pero ella no conoce

precipitada entrega

y sólo es máscara luminosa

que gira y se deshace

en fatigado abismo

 

              ***

 

Crueles  evidencias del desgaste

Avizoran el horizonte del fin

Presunción del viento

y su polvo de cubrirlo todo

La huella inevitable del recorrido

Hundida en tu propio seno

de derrotadas ilusiones

Te empuja en destino incierto

sobre la constelación del vano eco

Línea que te es fiel

para quebrantar signos detenidos.

 

 

            En la primer poesía la memoria, el paso del tiempo. Tema de indagación de Enrique Pichon-Riviere también en los últimos momentos de su vida. En la segunda la incógnita, la curiosidad, la ilusión y el desaliento. En la tercera otra vez el tiempo, la “huella inevitable del recorrido” y el “destino incierto. ” 

             Pichon y Miguel gustaban pasear en canoa por el Tigre. Era Miguel quien remaba ya que a Enrique le gustaba, recostado,  mirar al cielo. Solían hacer relatos poéticos espontáneos basados en lo que le sugerían las nubes, el cielo.  En un enlace poético afirmaba Pichon, contemplando el paisaje de canales e islas, que “el hombre interioriza el paisaje” y que es debido a eso  la calma que ellos sentían en ese momento,  cuando viajaban en bote por allí. Agregaba que lo vivido en la infancia también era interiorizado y daba un tono emocional específico y particular a las distintas personas.  

            Como comenté al comienzo ambos se reunían –particularmente en el tiempo que más se frecuentaban, años 34-36- a estudiar sobre neuropsicología. La estudiaban de autores alemanes. Del sistema nervioso de los insectos pasaban al de los mamíferos y de allí al de los seres humanos. Pichon consideraba –y exponía muy claramente-  que la diferencia esencial entre los animales y el hombre estaba dada por la capacidad de reflexión y variación de las conductas que le es posible a los segundos. A la vez  hablaba de “circuitos de integración funcional” y no de “centros” nerviosos como era habitual en esa época. Decía que  las zonas cerebrales “presiden” funciones nerviosas pero no las determinan completamente. Incluía la idea de circuitos ya que el sistema motor y  muscular   eran partes indispensables del funcionamiento nervioso. Podía estar alterada una zona del cerebro pero había otras que podían suplir su función lo que explicaba la existencia de actividades conservadas en personas con daños cerebrales diversos. 

         Estas ideas son las vigentes hoy, a un año del siglo XXI pero eran completamente avanzadas a comienzos de los años 30 y si bien estaban presentes en los más avanzado del pensamiento neuropsicológico mundial no era habitual que alguien las sostenga en nuestro medio.  

 Pichon estaba interesado particularmente en la influencia de los núcleos de base del cerebro ya que se sabía que toda reacción nerviosa  incluye la consulta previa a estos núcleos vinculados a la afectividad. Por este motivo toda respuesta cognoscitiva implicaba una previa cualificación en agradable o desagradable del estímulo. Decía que se formaba así la “caja secreta” en la cual se almacenaba la memoria de lo vivido intrauterinamente y en la vida posnatal primera. En esta “caja secreta” estaban las claves de las distintas y particulares reacciones de las personas. Pichon decía que el psicoanálisis permitía “abrir una ventanita” en esa caja secreta.

 

Sobre los circuitos de integración funcional

“Había un hecho muy curioso en Pichón,  fue  el primero al que yo oí hablar de circuitos de integración funcional. Se hablaba siempre de los centros  nerviosos,  el centro del   lenguaje, el centro de la actividad muscular,  el centro de  la capacidad de  bailar, todos centros.  Sin embargo  Pichón fue el primero  que determinó por lo menos en mi conocimiento, de  que las actitudes,  las  respuestas en  la conducta  humana, incluso  en el comportamiento animal no  responden a centros exclusivos, sino a la reunión  de un centro  que preside la acción. Por ejemplo el centro del lenguaje (la zona llamada de Wernicke) en el cerebro humano preside al  lenguaje pero no lo determina. Tal  es así que si se lesiona el  centro, la persona  puede dejar de hablar, pero no es  que deja de hablar solo  por el centro  sino  también por que puede faltarle  la activación dinámica. El lenguaje  exige el  dominio  de los músculos de la glotis y de la  lengua para emitir el sonido articulado, de manera que puede haber una persona que  tenga lesiones de los centros motrices  del lenguaje conservando el centro del  lenguaje, a tal  punto  que hay personas que pierden el habla y pueden seguir escribiendo o pueden  seguir  haciendo  signos  mediante el  lenguaje  de  los  sordomudos de manera que el centro del  lenguaje es  preservado y lo  que ha  fallado ahí es  la cadena motriz del  lenguaje, de manera que él fue el primero que introdujo que  la conducta humana está  regida no exclusivamente por  centros nerviosos  sino  por  circuitos que enlazan el  centro director de determinada actividad  con los elementos motores. Porque todo lo  que  el ser humano  traduce  es o mediante el lenguaje hablado, mediante gestos o mediante  una actitud motriz, caminar, andar, enfrentar, huir.

De manera que eso es muy importante,  fue el primero que  oí hablar de que la conducta humana se rige por  circuitos neuropsicológicos de integración funcional más que por simples centros psicológicos o nerviosos.”

 

            Nos referimos ya a que el interés principal de Pichon por aquellos años era  investigar  la causa de la diversidad de las conductas humanas. Para esto hacía investigaciones de la conducta de distintas personas mediante encuestas elaboradas por él mismo.[9] En base a estos datos  y como vimos en base a una concepción del cerebro caracterizada por la plasticidad, la complejidad y la integración de niveles neuro-psicológicos llegó a la conclusión de que los factores que determinaban la variedad de conductas son las siguientes:  

              La percepción sensible vinculada a la capacidad de entrar en contacto con el entorno. Esta función preside  a todas las demás. Luego   la actitud calificante, judicativa y discriminatoria paralela al despliegue de la imaginación. Esta capacidad de juzgar es la base de establecer conceptos y decisiones.

 Esta función se modificaba por una actividad “estelar” -ya que tenía varias puntas-.  . Entre ellas la consulta previa a una especie de guía intuitiva vinculada a la memoria que da el tono emocional a la conducta. Esta consulta previa está,  a la vez, determinada neurofisiológicamente. Llamaba a este área la “caja secreta” de la personalidad.[10]  En estrecha relación  con esta memoria arcaica se articulaba  la imaginación a la que  Pichon se refería como  las “sombras errantes del tránsito de nuestra conciencia”. En base a todos los  elementos descriptos se desarrolla la personalidad y le es posible al hombre la anticipación y la planificación y construcción de un proyecto. 

            Veamos aquellas concepciones de Pichon Riviere en la primera mitad de la década del 30 en las propias palabras de Miguel Jörg.

Concepción del sujeto a comienzos de la década del 30

 

“Tal es  así que él sostenía, recuerdo, que la primer cuestión que influye en la conducta  humana es la  percepción sensible, ligada a la función de presencia, la capacidad de entrar en contacto con  el   entorno.   La percepción  sensible  preside a  todas las  demás funciones cognoscitivas. La segunda alternancia era la actitud calificante, judicativa  y  discriminatoria paralela al despliegue de la  imaginación. En efecto  la percepción sensible es  pasada  por un filtro, por esa actitud calificante,   judicativa y  discriminatoria decía Pichón, y que tiende a calificar la  relación entre el protagonista y otros seres  o ambos con el entorno de su actuación, poner en juego la capacidad de juzgar  para  establecer un concepto o una base de decisiones. Era la segunda parte que él  consideraba sumamente interesante.

 Esta  función se modificaba después  por varias  cosas. En primer lugar la actitud calificante se desplegaba en una especie - él decía siempre- de actividad estelar, una estrella de varias puntas, de varias cosas que se ponen en juego simultáneamente.

El individuo una vez que percibe algo  consulta primero - hay una rápida consulta previa que inclusive está determinada fisiológicamente -. Pasa por  el  registro subconsciente  de  la actitud o  guía intuitiva para dar el  tono emocional. Cada una de nuestras  actitudes  tiene  un  tono emocional que está dado por éste  registro  subconsciente, que queda  oculta,  que Pichón la  llamaba “la caja secreta de  la  personalidad”, que  nadie sabe  lo que  hay guardado ahí dentro porque no puede  recordar que es lo que lo ha impresionado antes de  haber nacido o después de haber  nacido hasta que adquiere la capacidad  de  discriminar por su  cuenta. Lo que  tiene un periodo muy variable, generalmente  es muy primitivo, hasta que el niño adquiere el  habla y entre el  habla y el  aprendizaje del  lenguaje pasa un  cierto  tiempo. Luego  todo este  registro  se hace, se establece en un archivo  memorial, la memoria  que  refleja  sobre el  hecho actual,  los conocimientos y las  experiencias  pasadas. Finalmente la imaginación que evoca en nuestro ambiente elementos que no  existen en el entorno y que el  individuo es capaz de crear mediante elementos que  ha recogido  de la  realidad elabora edificios ideatorios  absolutamente irreales e ilógicos.  Y no solamente la memoria permite evocar  y revivir lo que ha acontecido,  sino que aún es capaz de revivir -Pichon tenía un término para eso- “las sombras errantes del  tránsito de nuestra conciencia”, es decir esas  sombras  que  inspiran las  fobias, inspiran los  deseos  irrepresibles, es decir ciertas aficiones, o  ciertos gustos que uno no  puede  remediar. Además  la base de  todo eso permite construir lentamente la personalidad, con lo cual el ser humano puede anticipar lo que le puede suceder y sobre la base de prevenciones y ajustes discriminatorios  puede planear  y proyectar su vida hacia el porvenir.”

 

La definición de conducta

             Por aquel entonces Pichon-Riviere elaboró lo que es desde cierto punto de vista lo más significativo de lo recuperado de aquella época. Miguel Jörg conservó notas precisas  sobre como Pichon definía la conducta. Es notable la similitud que tiene esta definición,  elaborada con anterioridad a 1936,  con la que Pichon –basado en Lagache- conceptualizará y sontendrá en  el último tiempo de su producción teórica.  Pichon definía por aquel entonces –años 35-36-  la conducta como la:

             “Percepción y estructuración de vínculos con carácter egocéntrico, para crear una situación, frente al ambiente y la circunstancia, mediante la interacción de múltiples circuitos sensoriales y la consulta o la filtración a los grupos neuronales de impronta inicial de aprendizaje, experiencia y  reflexión.” 

Analicemos por partes esta definición:  

a)           “Percepción y estructuración de vínculos...”

 Aquí Pichon señala el carácter activo del sujeto en cuanto a la recepción y organización, en su mundo representacional, de los vínculos externos. Se ve también una jerarquización de la noción de percepción que reaparecerá en definiciones posteriores en las que se refiere a los procesos de “percepción, depositación y resonancia” que intervienen en las cogniciones.

 b)                 “...con carácter egocéntrico...”

           Nuevamente el sujeto en el centro de esa conducta como su estructurador. Es desde el propio sujeto y desde su perspectiva que se realizará la ya nombrada “percepción y estructuración de vínculos”.  Más adelante Pichon dirá que es el “self” –núcleo del yo- que proyectará objetos y vínculos y actuará lo depositado.  También dirá que la fantasía inconsciente es la “estrategia inconsciente de satisfacción de una necesidad”. En esta definición última, perteneciente al Pichon ya maduro reaparece el carácter dialéctico y centrado de la producción subjetiva. El “carácter egocéntrico” dirá en 1935/6. La necesidad y la estrategia de satisfacción de la misma orientará la producción subjetiva según el Pichon posterior.

 c)        “...para crear una situación...”

 Esta frase puede entenderse articulándola con la siguiente. Entiendo que refiere a la cuestión de que el sujeto a través de su conducta debe generar respuestas “significativas” y “direccionales”. Lo dice en 1936 con el concepto de “crear una situación”.  Nuevamente aparece el lugar del sujeto como activo y estructurante. Con el concepto de  “situación” usado en este contexto entiendo que se refiere una “circunstancia” de la cual es parte inseparable el sujeto; este es determinado por “el  ambiente y la circunstancia” pero es determinante en tanto “crea una situación” frente a los mismos.  El sujeto toma partido, se posiciona, organiza el campo de su experiencia. Es decir es no solo producido sino inseparablemente productor.

 d)                 “...frente al ambiente y la circunstancia...”

 Nos referimos en “c”, en alguna medida, a estos conceptos que dijimos deben comprenderse con  relación a aquellos.  Falta consignar que aparecen aquí los elementos más objetivos e independientes del sujeto: “el ambiente y la circunstancia”. La “situación” es la estructura que se establece con la participación del sujeto. La noción de ambiente y circunstancia parece subrayar el punto de vista objetivista –materialista- de Pichon para quien el mundo existe –y produce efectos- con independencia del sujeto.  

e)        “...mediante la interacción de múltiples circuitos sensoriales...”

             Está aquí presente la valoración que Pichon-Riviere nunca dejó de tener respecto de una de las bases materiales de la conducta humana: el cerebro humano y el sistema nervioso en general. Aparece ya en 1936, como vimos anteriormente, visto desde la complejidad de su estructura y función.  Es por medio de la “interacción de múltiples circuitos sensoriales”  articulados a grupos neuronales que el sujeto procesarán la información y orientará su conducta.

       f)             “...y la consulta o la filtración a los grupos neuronales de impronta inicial de aprendizaje, experiencia y reflexión”.

             Nos referimos ya a la “caja secreta”. Aparece en esta definición nuevamente (“grupos neuronales de impronta inicial”) . Pichón valora aquí sin duda los primeros aprendizajes como lo hará más tarde al poner especial interés en conceptualizar “los procesos de maduración y desarrollo”. Nuevamente la jerarquización de lo biológico (que desde siempre será “biológico-humano”) y por otro lado la anticipación de algo  que va teniendo en años posteriores un lugar muy central. Me refiero a lo que aparece en la finalización de esta temprana definición de conducta: “aprendizaje, experiencia y reflexión”.  Conceptos principalísimos en el Pichon maduro que entenderá como sinónimos las nociones de aprendizaje, salud, conciencia crítica, adaptación activa y creatividad.

       

Conclusiones

         Excede las pretensiones de este trabajo agotar  las  relaciones posibles entre los conceptos de Pichon Riviere previos a 1936 y los posteriores. Sólo quisiera sugerir algunos nexos entre aquellas ideas y las del Pichon que funda una psicología que como dirá, será desde el comienzo y en el sentido estricto, psicología social.

   El lector tal vez ya habrá reparado en  la presencia temprana de nociones que se afirmarán muchos años después.  La de un “ambiente, circunstancia, situación” que se ubica como alteridad objetiva al sujeto (Pichon hablará muchos años después de las “relaciones reales” en las que un sujeto emerge).

 Es muy significativo que en  aquel Pichon esté ya  la concepción de un  sujeto activo, protagonista y productor (estructurador y transformador de las situaciones que vive). 

 Al decir que  prefiguró o  bocetó los desarrollos posteriores de su pensamiento también nos referimos a:

·        la noción de complejidad que recorre toda la obra pichoniana (en aquellos años referida en las nociones de “variedad de la conducta humana”, “circuitos neuropsicológicos de integración funcional”);

·        la interrelación cognitivo-afectivo (consulta previa a la “caja secreta” del cerebro; más tarde hablará de obstáculos epistemofílicos y fantasía inconsciente aunque sin negar nunca a lo largo de su obra la diferencia y articulación de niveles neuro-psicológicos);

·        la relación entre los aspectos fenoménicos y los subyacentes (“sombras errantes del tránsito de nuestra conciencia” vinculados a la vez a la “caja secreta” y a los “soplidos desde el subterráneo”);

·        la relación de fundación recíproca entre  sujeto y mundo presente en su definición de conducta, relación que incluye, como ya dijimos el papel protagónico del sujeto humano (“percepción y estructuración de vínculos con carácter egocéntrico, para crear una situación...”)

Tal vez aparezca al lector más concreta –esto es, múltiple y vívida- la afirmación de Pichon-Riviere que transcribimos en el epígrafe de este trabajo donde afirma que su obra multifacética “...puede describirse como la indagación de la estructura y sentido de la conducta, en la que surgió el descubrimiento de su índole social...”.

             Vemos que esta “indagación de la estructura y sentido de la conducta” tiene su comienzo –desde el punto de vista científico- en un momento previo a la adopción de la teoría psicoanalítica. Otro  párrafo del “Prólogo” del Proceso Grupal lo confirma.   Las primeras aproximaciones a la psiquiatría clínica me abrieron el camino hacia un enfoque dinámico, el que me llevaría progresivamente, y a partir de la observación de los aspectos fenoménicos de la conducta desviada, al descubrimiento de elementos genéticos, evolutivos y estructurales que enriquecieron mi comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica.[11] (Destacados mios.F.F.)

             Es evidente que, previo a su etapa psicoanalítica, desarrolló ideas que por su extensión y profundidad deben ser calificadas como pertenecientes a una primera etapa del pensamiento pichoniano. Podría tal vez ser denominada como “etapa neuro-psicológica-social”. Pienso que el logro principal de esta primera etapa tiene que ver  justamente con lo señalado previamente por Pichon y que resalté con negritas: la “comprensión de la conducta como una totalidad en evolución dialéctica”.

             Lo más sorprendente es que esta primera etapa contiene el germen – y por ello mismo prefigura- al Pichon Riviere maduro que publica su obra “Del Psicoanálisis a la Psicología Social” como forma de dar cuenta de las grandes modificaciones de su esquema conceptual que como él mismo dice lo llevaron  desde el pensamiento psicoanalítico ortodoxo a la psicología social, ciencia  basada en una concepción social de la conducta, sana o patológica.     

             Estos elementos autorizan a plantear cierta modificación en la lectura global de la trayectoria de Pichon-Riviere ya que muestran que este autor va al Psicoanálisis desde una lectura  más compleja y concreta del hombre y su conducta. En un lenguaje de articulación neuro-psicológico-social, Pichon había  logrado con anterioridad a 1936 (es decir antes de cumplir sus 30 años) una concepción concreta y compleja (y por ello profunda) de la conducta humana.

          Sin embargo  aquellos logros iniciales carecían de algunos instrumentos teóricos pero habría que decir más precisamente instrumentos técnicos de transformación de las conductas. Estos elementos se los brindaría la teoría y más aún la técnica psicoanalítica

          Pichon solía decir  por aquel entonces que los hombres éramos un diamante con muchas facetas y que se trataba de hacer “que la faceta brillante de cada individuo ilumine el resto de sus facetas”.   

Esta concepción prospectiva de los seres humanos y su  subjetividad, su profunda vocación transformadora y la permanente  inquietud de cambio lo lleva años después de la etapa que aquí indagamos a cofundar la Asociación Psicoanalítica Argentina aunque luego –en un proceso trabajoso y  costoso-  a una ruptura no con la APA pero si con muchas de las hipótesis fundamentales del psicoanálisis.   

           Quiero decir que a aquellas respuestas iniciales -  que conjugaban lo más avanzado de diversas corrientes de la época con la originalidad que le era posible a Pichon-, le faltaba la posibilidad operativa. La psiquiatría descriptiva, valiosa en muchos sentidos, era impotente ante la enfermedad mental y la neuropsicología más avanzada si bien brindaba una visión profunda y compleja del hombre no contaba con los instrumentos técnicos que permitieran procesos terapéuticos.

 A Pichon-Riviere le entusiasmaba del psicoanálisis una multiplicidad de aspectos pero fundamentalmente el verlo como un instrumento válido de abordaje de la psicosis, centro de sus tempranas indagaciones.

            Así lo expresa en el Prólogo del Proceso Grupal:

             “La observación, dentro del material aportado por los pacientes, de dos categorías de fenómenos netamente diferenciables para el operador: lo que se manifiesta explícitamente y lo que subyace como elemento latente, permitió incorporar en forma definitiva a mi esquema de referencia la problemática de una nueva psicología que desde un primer momento tendería hacia el pensamiento psicoanalítico.

El contacto con los pacientes, el intento de establecer con ellos un vínculo terapéutico confirmó lo que de alguna manera había intuido; que tras toda conducta "desviada" subyace una situación de conflicto, siendo la enfermedad la expresión de un fallido intento de adaptación al medio. En síntesis, que la enfermedad era un proceso comprensible. (destacados míos. FF. )

 Epílogo

  No dijimos aún que por aquella época Pichon-Riviere trabajó como practicante durante dos años en el Asilo de Torres (ó Colonia Montes de Oca) y posteriormente en un Sanatorio Privado. Dice en el libro “Conversaciones” que en esos lugares  es donde descubrió que los locos no son una “mala piedra” sino “seres muy sufrientes”  y “segregados”; que con ellos “no se hacía nada” ya que sólo  se los  “aislaba”. Comprobó allí que no había “tratamiento metódico” con ellos.

             Escribía -simultáneamente a estas prácticas psiquiátricas tempranas en el hospicio- críticas de arte en la revista Nervio. Como puede verse  la integración  de arte y ciencia como caminos complementarios en el conocimiento es otro de los elementos que ya están en el joven Pichon.  

            Entre las cosas que aún no señalamos es que utilizaba un concepto, el de “Conciencia Crítica”,  al que le daba un papel muy central en la orientación de la conducta. Este concepto  es retrabajado desde una perspectiva dialéctica y materialista  en la década del 60’ y del 70’ con la  colaboración con Ana Quiroga.

             La idea de que el sujeto "interioriza el paisaje" reaparecerá en el Pichon maduro complejizando la noción de mundo interno que adoptará del pensamiento psicoanalítico.  

 

 En moto al  Asilo de Torres:

 

            “En el año 34 ó 35 lo llevé al Asilo de Torres en una moto que Pichon le decía “la bronquítica”. Era curioso con la alegría con que lo recibían los internados. En una libreta ó cuadernillo de cómo 100 páginas llevaba notas cuidadosas la evolución de cada uno de los pacientes. Un día llegamos a Torres y había un loco subido a un árbol y Pichon decía “te voy a cortar el árbol” y simulaba el ruido de cortar “shicki, shicki, shicki, shicki”. El loco bajaba. Pichon organizaba partidos de fútbol. Enfermeros contra internados. Se metía en todo, iba a la cocina a ver como era la comida.”

            “Por aquel entonces nos decían “los locos de la innovación”. Nos reprochaban “querer saberlo todo”. Era una época donde no había respuestas a la cuestión de la locura lo que debería justificar un fuerte afán innovador”. 

 

 

Años después, en el  44/45, Pichon colabora instrumentando grupos, con Miguel Jörg en el tratamiento de pacientes chagásicos. La tarea de estos grupos era sostener la toma de medicación ya que la misma por entonces tenía efectos colaterales molestos en los pacientes.

           Sin embargo desde el año 36 había disminuido la frecuencia de reuniones de estos dos compañeros y amigos. Sus encuentros por diversos motivos se hacen mucho más espaciados  a partir de los años 40-42. Aún así no se perderán el rastro y cada algunos años retomarán comunicación.

            Miguel recuerda un comentario de Pichon sobre “Coca”, su segunda mujer, y el vínculo de ambos. Le dijo “estamos en la música” ( a la vez le señaló que no quería incluirla en sus grupos de pertenencia profesionales, se refirió a ello diciendo querer “moldearla a su manera”. ).

         Años después, en un viaje que Jörg hizo a Buenos Aires - desde Córdoba donde residía hacía varios años- se refirió a su nueva compañera, Ana Quiroga, a la que definió como “una mujer de una valerosa entereza”.  

            Es inevitable terminar este artículo con algunas “postales” de Enrique Pichon-Riviere.  Son muchas las imágenes que su figura nos evoca. Espero que el lector, por medio de este texto, “agrande su propio  álbum”

             Le hemos querido dar un lugar central a las ideas iniciales del joven Pichón.  Nos imaginamos el trajín juvenil de nuestro maestro -  que al decir de Jörg “no conocía el ocio”-. Imaginamos su esfuerzo por comprender el sentido de las conductas. El desvelo por conocer el papel de  esa situación que 10 años después definirá como origen a todas las enfermedades mentales – la tristeza -;  su necesidad de iniciar un camino que a través del conocimiento de la variedad de las conductas  generara  instrumentos y dispositivos aptos para hacer “más plena la existencia humana”.

 

Texto y contexto

          Tal vez puedan realizarse algunas conjeturas acerca de la relación texto-contexto o en otras palabras sobre el vínculo entre las inquietudes y búsquedas del joven  Pichon y el horizonte histórico-social de las mismas.                     

            Aparece una relación evidente. Su preocupación  sobre “la variedad de las conductas humanas” es una cuestión que se impone en esta  década del 30,  en una ciudad (Buenos Aires) que ha crecido muchísimo y comienza a tener