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Clase Nº 7 La primera situación desde el punto de vista biológico que
se plantea al «self» del sujeto (al yo) es la bisexualidad, es decir sus
tendencias homo y heterosexuales. Se admite que congénitamente el ser humano es
bisexuado y la asunción del rol correspondiente al sexo que prima en él va a
orientar a una sexualidad normal; mientras que por lo contrario, la asunción de
un rol equivocado por un error en la administración de roles en el propio ámbito
familiar, donde la madre puede desempeñar un rol masculino y el padre un rol
femenino o pasivo, puede provocar una confusión en el niño donde queriendo
tomar un modelo activo tomar por error a la madre. Es decir que hay una confusión de roles como base de toda
neurosis, de toda perversión. Y hay ciertas situaciones o ciertas culturas en
ciertos momentos como la nuestra, donde la ansiedad o la desconfianza básica o
la inseguridad básica está actuando de una manera que dificulta los procesos
de identificación. Hay una confusión de las imágenes, porque en una época de
crisis la mujer, ama de casa asume roles de liderazgo, y pasamos así a un
verdadero matriarcado en las épocas de crisis, donde la mujer tiene un rol
esencial de equilibrio y estrategia frente al hombre que vuelve angustiado o que
cada vez que va a su trabajo va angustiado. Quiere decir que las situaciones sociales pueden cambiar los
roles de las personas y hacer que en una situación crítica como en Estados
Unidos por ejemplo, haya un aumento tan considerable de homosexualidad y de la
psicosis en general. En el barrio latino funciona una institución que
reglamenta las normas de esa comunidad de homosexuales que se considera una
comunidad aparte. Este problema se da también en Inglaterra: los dos países
que tienen más miedo en este momento. Es decir que el miedo puede medirse por la cantidad de
conversiones, porque es como una religión, como una secta con las características
de una masonería. Hay un libro que les recomiendo leer, fue publicado en Méjico
hace algún tiempo y que se llama «La homosexualidad en los EE.UU». Es el único
estudio sociológico hecho por un sociólogo homosexual confeso. Aquí en la Argentina se calculan unos 850.000 homosexuales.
Así que es un problema que sólo puede ser comprendido sociológicamente, no
psicológicamente caso por caso. La sociedad dispone de una cierta cantidad de
roles en determinadas ocasiones; es decir que admiten una cuota periódica de
ascenso que resultan en última instancia de la ansiedad frente al peligro de
ataque atómico por ej. El miedo pues, como base de toda patología es el miedo a la
pérdida y al ataque. Aparentemente es sobre todo el miedo al ataque, pero detrás
de eso hay determinada pérdida. La pérdida como sí, la pérdida como vida,
como parientes, como comunidad etc. Es decir que la depresión está por debajo
de todo. Y así aparecen las ideas
más fantásticas sobre la defensa, como por ejemplo la biblioteca de la
Universidad de Columbia que está a 150 metros debajo de la tierra. En cambio lo depresivo aumenta sobre todo en la edad en que
el sujeto empieza a perder su capacidad instrumental. En Estados Unidos hay una
sobre especialización en el manejo de un pequeño instrumento o de una pequeña
pieza del todo. Así aparecen depresiones colectivas en el ámbito industrial,
en aquellos sujetos que no ven terminada la pieza que ellos han contribuido a
realizar. Volviendo a la situación triangular, ésta está asentada
sobre una base biológica primero, que está constituida por el self, que es el
centro del «yo», con los sentimientos de hambre y las dos tendencias que
entran en conflicto. Entonces la elección de un camino u otro va a depender de
las angustias que existan en ese momento. Ahora, ¿por qué en una situación de
miedo muy intenso, de inseguridad social, se va a elegir ese rol contrario?.
Para evitar justamente la pérdida. En el caso del homosexual masculino es más
evidente morfológicamente, porque al incorporar a la madre antes de perderla,
se identifica con ella y entonces toma rasgos femeninos, a veces visibles.
Mientras que en la mujer la identificación con el padre tiende menos a
somatizarse. La manera de no
ser atacado es apaciguar al perseguidor con la conducta sexual del objeto
primario; siendo la madre, apaciguar al padre, castrador y perseguidor, entregándose
sexualmente a él. Entonces retiene a la madre y apacigua al padre y resuelve
las dos ansiedades. Y de allí emerge toda una cultura ambigua que se refleja en
todas las actividades, desde el arte hasta cualquier trabajo o tipo de vocación.
Esta bisexualidad congénita del hombre que fue señalada por Freud, y
entrevista desde la antigüedad por Platón al concebir al hombre como una
dualidad permanente y habiendo los endocrinólogos modernos comprobado químicamente
la existencia de dos tipos de hormonas en un momento dado del desarrollo, hay
una base de sustentación biológica sobre la cual se van a apoyar las funciones
que son los roles. Y con esto hacemos ver que la parte instrumental de que
dispone el hombre por su constitución, señala la línea del rol a tomar. En
realidad el rol social que asume el sujeto de acuerdo a su categoría, a su
oficio, a su sexo, está condicionado por diferencias anatómicas. La segunda situación triangular se establece en la posición
que M. Klein y Fairbairn y otros
llamamos esquizoparanoide, que es la primera posición de desarrollo de los
primeros meses. Parece que evidentemente al
nacer, el sujeto nace con una integración de su «yo»
y de su esquema corporal (ese fue el punto de partida de mis trabajos).
El esquema corporal que yo llamo protoesquema corporal que tiene una
forma circular, es la primera en aparecer y representa la posición fetal. Esta
situación está integrando a un sujeto que tiene como forma primaria de su
esquema corporal o esquema postura, la forma de un círculo. La prueba es que lo
primero que hace el niño y los oligofrénicos son sobre todo círculos o
guirnaldas que parecen ya espirales, como reproducción de la forma primaria de
situación postural dentro del seno materno. Al nacer, el niño hace su primera
depresión que llamamos la protodepresión donde evidentemente para hacer
la depresión necesita la integración de un «yo» y una relación con un
objeto más o menos total dentro del claustro materno. Luego viene el nacimiento
y el cambio, y este es el factor con que siempre nos vamos a encontrar: el
cambio. Nuestra especialidad es precisamente el cambio. Provocar cambios en
la terapia y admitir cambios en el conocimiento. La didáctica es para eso grupal, para ayudarse a admitir los
cambios. Es decir que la resistencia, la ansiedad ante el cambio es el eje, la
pared contra la que tropieza todo sujeto en su desarrollo normal. El pasaje de
la infancia a la adolescencia, y de ésta a la adultez etc. Siempre decimos que
al tratar a un adulto tratamos lo que queda en él de adolescente y de lo que no
se quiere desprender porque al desprenderse traería una depresión profunda.
Todo atributo personal o de un vínculo con un objeto, al perderse y cambiar por
una evolución favorable, es sin embargo vivido como pérdida, y lo que Freud
llama resistencia es resistencia al cambio. Y en ese momento utiliza todos los
mecanismos que Freud describió como mecanismos de defensa para impedir un
cambio real. Entonces puede: negar y proyectar, introyectar desplazar,
simbolizar, dramatizar etc. como se ve en los sueños. Y cuando Freud habla de
la situación traumática en los sueños es retraducido ahora en términos de la
Psicología Social que pone el énfarsis sobre la ansiedad ante el cambio. Uno
siente que Freud había visualizado en ese momento que la situación traumática
era el cambio y que frente al cambio y la situación traumática hay una
repetición en el sueño. El sueño entonces es la representación distorsionada
y posible del cambio que no produce tanta ansiedad. Por eso el soñar es el guardián del dormir, sino uno
despertaría. Esto se ve en las pesadillas cuyas características son las
situaciones de cambio y persecusión y pérdida. En la posición esquizoide, en
el niño, que tenía una relación con un objeto total, el exterior era vivido
como el tercero, no personalizado todavía, como aparece por ejemplo en la
agorafobia. Donde el miedo en realidad es a quien habita esos espacios libres
puesto que no hay espacio vacío, sino espacio habitado. Y uno cuando analiza un
paciente fóbico ve que aparece después la ansiedad paranoide. La ansiedad fóbica es una ansiedad paranoide, con la
diferencia que no se ve, no se personifica ni se visualiza al perseguidor, sino
el lugar por donde transita, y cuando se personifica el perseguidor tenemos la
paranoia. Y si uno indaga más ve que la persecución que aparentemente tiene el
carácter de una seducción sexual y ataque sexual es una persecución que tiene
sentido de muerte, es decir que allí aparece por primera vez la vivencia de
muerte en relación con un objeto que es frustrante. El niño al nacer no puede entonces enfrentar la realidad con
un objeto total, no está instrumentado para eso, allí aparece por primera vez
un mecanismo que va a ser utilizado toda la vida por nosotros: es el «splitting»
o la escisión, la división del yo. Mecanismo utilizado hasta en la tarea del
psicoterapeuta que en cierta medida se desdobla, se disocia para poder escuchar
y discriminar sobre lo escuchado y poder interpretar. Entonces el niño aborda el mundo en los primeros meses
dividiendo los objetos en buenos y malos. Buenos son aquellos gratificantes y
malos los frustrantes. De esos dos vínculos aparece la gratificación que es
buena y la frustración que es mala. Freud siguiendo una concepción
instintivista y mecanicista de su época, llama a eso instinto de vida e
instinto de muerte, y nosotros lo llamamos vínculos positivos y negativos.
Los llamados instintos son vínculos sociales muy precozmente estructurados en
relación con objetos. Ningún pensamiento es anobjetal. Entonces la posición esquizoparanoide crea la situación
triangular más característica. Más característica porque va dramatizada,
donde el pecho bueno tiende a fijarse sobre la madre que es más gratificadora
en ese período que el padre. Entonces la parte mala, o el pecho malo de la
madre es desplazado sobre el padre, que es vivido como un objeto perseguidor, no
gratificante. Entonces tenemos el self, el padre y la madre, como objetos
parciales todavía. Parciales quiere decir que son totalmente buenos o
totalmente malos y hay una aparente paradoja. Si se unen, el objeto bueno y el
malo forman un objeto total que es parcialmente bueno y parcialmente malo y así
se forma un vínculo a cuatro vías, mientras que en la posición
esquizoparanoide el vínculo es a doble vía. Siente que un objeto le ama y que
él ama al objeto, lo mismo con el odio. Cuando se juntan en la posición
depresiva, por la cual tiene fatalmente que pasar, se unen los objetos parciales
bueno y malo en uno solo. Y ese objeto total tiene aspectos buenos y malos.
Entonces son cuatro vínculos, cuatro líneas de comunicación. Uno es que el niño
quiere a su madre y siente que ésta le quiere, la odia y siente que ella le
odia y lo mismo sucede con el padre. Entonces la situación ambivalente se crea por primera vez en
el desarrollo del niño. La situación mal llamada ambivalente de la posición
esquizoide la llamamos divalente. Al crearse el conflicto de ambivalencia
en la posición depresiva con las cuatro vías de comunicación, trae como
consecuencia inmediata el sentimiento de culpabilidad. Aparece como consecuencia
de querer destruir a un objeto que a su vez es querido y que lo quiere a él.
Entonces la culpa es el producto de fantasías criminosas contra un objeto que
nos quiere. Esto es lo único que hace comprensible la culpa tan precozmente. Entonces tenemos como base: objeto total, cuatro vías de
comunicación, conflicto de ambivalencia, culpa, y como síntoma defensivo -único
de la posición depresiva- la inhibición. Pueden aparecer inhibiciones
en cualquier aspecto de la vida del sujeto, para paralizar el proceso ante la
posible destrucción de las partes buenas del sujeto por las partes malas del
mismo. El niño en su desarrollo se va a esforzar en una doble tarea que son la
preservación de lo bueno y el control de lo malo. Y toda la terapia está
orientada en ese sentido. En el objeto bueno se deposita la confianza, deposita sus
partes buenas y entonces se siente a «merced» pero aunque aparentemente sea
persecutorio, este sentimiento se da por la excesiva dependencia que se crea con
el objeto, sin que eso signifique estar perseguido por el objeto. Frente al objeto malo la persecuciones directa. Se siente que
uno va a ser atacado y siente que va a atacar. Previamente el sentimiento es de
atacar al objeto, pero por proyección esta intencionalidad se le adjudica al
otro, y a veces se responde con la identificación con el agresor que entonces
se hace perseguido-perseguidor como ocurre en ciertos tipos de paranoia. Por eso
en el paranoico coexisten la megalomanía y la persecusión. La primera está
basada en una identificación o idealización con el objeto bueno. Toda la utopía
esta en el objeto bueno y toda la persecusión está en el objeto malo. La ansiedad depresiva de la posición depresiva, es la
ansiedad de pérdida por destrucción de las partes buenas del objeto total. La
ansiedad depresiva de la posición esquizoparanoide es por el sentimiento de
estar a «merced» y da el sentimiento de nostalgia que es diferente de la
tristeza de la posición depresiva. La nostalgia se produce por la parte de uno
depositada en el objeto bueno. Se ve por ejemplo cuando alguien se va de viaje y
en la despedida uno pone una parte suya como «polizón» dentro del otro. Pero
después viene el problema de la pérdida de control del depositario. Si el
depositario no da noticias empieza la aficción y la nostalgia. Esto es producto
de la dependencia, del temor a que su parte buena colocada en el otro, en el
objeto bueno no vuelva. Durante la ausencia tiene nostalgia pero no depresión,
salvo que por el hecho del abandono la frustración sea tan intensa que
desencadena un ataque masivo que sería vivido como la destrucción de una parte
del objeto. En la posición esquizoparanoide la defensa esencial es el «splitting»
o escisión, la proyección, introyección, con desplazamientos, negaciones,
idealizaciones. En la posición depresiva tenemos la melancolía en el sentido más
estricto. Es decir: un conflicto de ambivalencia muy intenso, una tristeza y un
sentimiento de vacío también intensos, sentimiento de destrucción interior y
caos, y la sensación de lo irreparable y lo definitivo y después el trabajo de
duelo que empieza como una tentativa de reparar el objeto destruido. Siempre
frente a esta situación van a encontrar la inhibición clínicamente en
cualquier aspecto y que estará representando la inhibición frente al proceso
destructivo: para la destrucción. Toda acción es vivida como peligrosa, porque
si actúa tiene posibilidad de destruir. Allí sí que encontramos la depresión,
el dolor moral del melancólico, el autoreproche de donde van a surgir los
delirios melancólicos que tienen la característica de ser centrífugos: del yo
hacia afuera (en el paranoico son centrípetos: de afuera hacia uno). El primero
dice: yo soy culpable de la muerte, del incendio de Indochina, etc. (porque
también son muy omnipotentes, que es lo que Freud llamó el narcisismo negativo
de los melancólicos y los hipocondríacos) y así llegan a la autodenunciación.
A veces sucede el homicidio altruista, por ejemplo una madre que mata a
sus hijos y se mata ella, y el argumento es: «para que no sufran como yo». Esto ocurre tomando en cuenta los argumentos manifiestos
conscientes que aparecen con la palabra altruismo, porque si llega a salvarse la
madre, manifiesta que el motivo del crimen es «para que no tengan el mismo
destino de ella». El melancólico entonces se adjudica la culpa y cuanto mayor
es esta más se acerca a su culminación en una conducta como es el suicidio. El
suicidio que se vincula a la depresión está en realidad relacionado con la
posición esquizoparanoide ya que el suicidio es un homicidio internalizado. El
suicida al tomar insight de que va a realizar un crimen toma todas las
providencias necesarias para que se descubra antes de ser cometido, llamando al
médico o a la policía. Ustedes van a encontrar en los libros al suicidio
relacionado con la melancolía; sin embargo el momento en que va a entrar en la
melancolía o a salir de ésta es esquizoparanoide y el suicidio acontece donde
la inhibición ya no funciona y la acción está más libre. Lo que no advierte
el suicida es que «de paso» él también se mata, su self desaparece del
escenario. Si tiene insight de que él se va a morir, vive la ficción de que es
el otro. El suicidio fue investigado desde el punto de vista sociológico
en una época semejante a la nuestra, de desintegración y cambio. Vemos
entonces que existen en el desarrollo ansiedades psicóticas que en la posición
esquizoparanoide son las ansiedades persecutorias, y en la posición
depresiva las ansiedades depresivas. La ansiedad paranoide es el temor al
ataque al yo, mientras que en la depresiva es temor a la destrucción del
objeto. Si trasladamos este concepto a la teoría de los vínculos, lo que
siempre resulta dañado es el vínculo. Detrás del ataque paranoide está la pérdida
por la ruptura del vínculo con el objeto. Es decir que en la ansiedad
depresiva, la ansiedad de muerte está funcionando detrás de su patología. Por
eso decimos que uno enferma de amor (por la pérdida) y por odio (por la
frustración provocada por dicha pérdida). Esta sería la definición más sintética
de la patología mental.
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Martes, 13 de Mayo de 2008
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