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Clase N° 6
ESCUELA PRIVADA DE PSIQUIATRÍA SOCIAL
1°
Año
Clase dictada por el Dr. Enrique Pichón Riviere el día 13/6/66.
Las dificultades con el complejo de Edipo son muy justificadas porque
surgen una serie de metamorfosis en esos vínculos, que son muy importantes de
detectar, ya que son la materia del análisis: la sustancia con la cual se
trabaja, el material de interpretación. La interpretación es al fin de cuentas
el reconocimiento del rol que el tercero está jugando en una estructura total.
Vamos a centrar gran parte de la patología en la actuación de este personaje,
siempre existente y muy poco señalado (muy negado) que funciona constantemente
como un ser animado o inanimado, como institución o como cultura y que está
representando una barrera, una dificultad, una norma o una motivación, y que
puede partir del trasmisor, del canal o del mensaje.
Es decir que esa primera definición muy sintética, de que todo vínculo
humano es bicorporal y tripersonal es el punto de partida. El asunto es ubicar
el tercero. Es decir que hay un personaje dentro de nosotros que es
permanentemente buscado. Si llevamos esto al aspecto vocacional, podríamos
decir que nuestra vocación por la psicología tiene alguna similitud con la
actitud del detective que tiene por misión la búsqueda del causante de un daño
determinado, que actúa como tercero y perturbador del vínculo.
Pueden existir en una estructura varios vínculos. Alguien puede realizar
un daño contra una familia, pero el daño en última instancia va dirigido al vínculo
principal, es decir, el vínculo de los padres.
El tercero está interfiriendo o robando, está perjudicando
un vínculo que idealmente debía ser perfecto y no incluir este maldito
personaje. Esto condiciona rituales y ceremoniales de todo tipo como es la
ingenua ilusión de los recién casados, que hacen un viaje de bodas creyendo
que dejan al tercero en la estación.
Todo nuestro proceso de pensamiento y de discriminación está
influenciado por esta situación que funciona como una gestalt permanente, en
cualquier actividad. Uds. ven por ejemplo en política como hay un tercero que
está alejado y que está manejando la situación política del país.
Es decir que hay terceros presentes
realmente, terceros internalizados que funcionan dentro de la mente, ya como
super-yo, ya como valores. Y esto lo vemos tanto en el cine como en el teatro y
en la novela. Sobre todo de los jóvenes escritores franceses. Hay una novela de
Grillet que se llama “Celosía”, donde el tercero está presente por su
ausencia, como una paradoja. Allí se describe la actitud de la mujer y nunca la
del tercero.
En el fondo todo proceso mental tiene por función preservar lo bueno y
controlar lo malo.
El problema de la suegra es un típico problema de tercero. Pero no se
habla en términos de roles. Las quejas que provienen de las suegras son porque
un rol determinado le ha sido quitado lo que se hace comprensible desde el punto
de vista social.
Es increíble el efecto que hace en una interpretación de grupo en términos
de roles, ubicar a la gente en su rol verdadero y ver de qué manera están
jugando un rol que no les corresponde y cómo está perturbada una situación
por una confusión de roles.
Incluso la explicación actual de la homosexualidad es que hay una
confusión de roles (rol masculino y femenino) por identificaciones precoces
entrecruzadas. Porque el aumento en esta época de la homosexualidad es porque
hay un miedo básico, una inseguridad que obliga al sujeto a aferrarse a un rol
a veces equivocado, pero que puede llegar a ser muy operativo como en el caso
del homosexual que no pierde la madre porque se identifica con ella y apacigua
al padre sexualmente.
En la patología por ejemplo en una idea delirante, hasta hace diez años
no existía en toda la literatura mundial ningún trabajo que se ocupara del
comportamiento de los objetos buenos en una estructura delirante, por ejemplo en
que todo era persecución. Pero en cualquier estructura delirante hay un “vínculo
bueno” con el cual el sujeto se identifica y así logra hacer una defensa, por
ejemplo megalomanía que es tanto o más importante que la actitud persecutoria,
ya que el sujeto se va a curar de una psicosis en la medida en que refaccione o
arregle las vías de comunicación y el envío de mensajes a través del vínculo
bueno. Es decir que fortaleciendo lo bueno, lo malo tiende a esfumarse.
Me han hecho antes una pregunta: De sí el tercero malo, puede adquirir
funciones buenas?. Esta es una variable que complica enormemente
la situación. fenomenológicamente pareciera que sí, pero se trata de
problemas de apaciguamiento cuantitativo. Es decir que disminuye su
peligrosidad, pero eso es el comienzo de la trama y de la conspiración. El
objeto malo es demagógico y
configura el plan para ejercer luego un liderazgo autocrático. Debemos recordar
que K. Lewin estudió tres tipos de liderazgos: de grupos, de comunidades y de
acuerdo al liderazgo que cada grupo tenga, el grupo va a tener características
especiales. Por ejemplo el primero que se me ocurre, porque lo tenemos es el
liderazgo del “laissez faire” que está simbolizado por la tortuga en las
manifestaciones populares. Es decir la lentitud, el dejar hacer, el esperar.
Cuando Nixon iba a venir al país, Life nos encargó hacer una encuesta
sobre pronóstico de actitud del argentino sobre la venida de Nixon. Y nos
encontramos aquí con lo que todo el mundo conoce. La Argentina daba el máximo
de actitud antiimperialista y por otro lado el máximo de dependencia del dólar.
Esta es la famosa viveza criolla.
Aquí presenciamos una vieja discusión entre psicólogos, sociólogos y
economistas acerca de si existe un carácter nacional, es decir un común
denominador del actuar de la gente de cada país, que se denominó el “no té
metás”, “dejalo para mañana”, que parece ser una característica
nuestra, seguramente heredada de los españoles y éstos de los árabes. Es lo
mismo que pasa con las enfermedades venéreas: los franceses llamaban a la sífilis
la enfermedad italiana, los italianos la enfermedad francesa, los alemanes la
llamaban la enfermedad inglesa, etc. Esto es muy importante para estudiar los vínculos
internacionales.
El tercero que se transforma un poco en la ideología de esta escuela es
lo que nos posibilita comprender los fenómenos de lo individual a lo social. No
podemos comprender los problemas sociales sin la inclusión de un personaje de
este tipo y sin hacer un pasaje lento y no discontinuo entre la psicología
individual y la social y la sociología. Esas fisuras son lugares de luchas
cruentas donde la gran mayoría del tiempo es utilizada en la división de los
campos por no contratar un buen agrimensor.
Ya vimos antes como en cada vértice del triángulo se agrupaban
personajes con características especiales. Por ejemplo, junto al hijo están
los hermanos o los hijos de otros o sino la generación de esos hijos. Por eso
es que el problema de la adolescencia ha sido batido y rebatido pero siempre mal
encarado porque se encaraba al adolescente sin tener en cuenta la inmensa
cantidad de adolescentes que existen en el mundo. Éstos
forman un estrato social que tiende a tener un status social, ideologías
particulares, y que interpretados individualmente no tienen sentido, porque son
fenómenos colectivos.
Los conflictos son generacionales, donde las ideologías de los padres
chocan con la de los hijos, ahora más que en cualquier otra época. Solamente
se puede entender en el sentido de que no es la ideología de ese adolescente
contra su padre como se interpreta en un análisis individual, sino la del grupo
que representa. Grupos de presión, como son las pandillas por ejemplo, que
adquieren fuerza por el hecho de estar unidos por un líder y en estratos
sociales.
Aquí ha habido siempre dificultades con el adolescente que ha sido
incluido en otros grupos con el
propósito de impedir que tenga su ideología como adolescente. Por ejemplo
nunca había existido en el país un servicio psiquiátrico
para adolescentes. Viendo las estadísticas de la UNESCO (y por eso yo
casi un adolescente entonces) se me ocurrió que en el hospital podría hacerse
un servicio de este tipo. Todo el mundo me decía que adolescente no había.
Pero conseguí que me dieran un galpón y el primer día descubrí 40
adolescentes mezclados con seniles por ejemplo. En una semana
el servicio ya estaba cubierto y trabajamos allí 32 médicos en un caso en el
hospicio. El tema era apasionante pero creó una gran resistencia y el gobierno
de entonces quiso tomar el servicio, porque justamente esa es la edad en que es
más fácil politizar.
Allí pudimos estudiar fenómenos grupales y nunca hacíamos ningún
diagnóstico individual sino grupal, como familia. Nunca dábamos un permiso de
salida sin hacer antes una entrevista familiar, y allí vimos la operatividad
que tiene un joven con iniciativa, operatividad que la cultura se encarga de
podar.
Después estuve en Nueva
York en el Baby Hospital donde está Lauretta Bender (que se ha ocupado mucho de
adolescentes) y allí ví que los adolescentes estaban con los niños y en
Francia estaban con los adultos. Es decir que esta edad tan crítica y que
tantos problemas trae no ha sido nunca integrada como una situación grupal,
social y patrimonio de la psicología social. Al analizar individualmente un
adolescente el terapeuta no puede tener una idea de las interrelaciones que
pueden existir entre ellos.
Además antes que me fuera del servicio, en una semana y con técnicas
operativas (allí realmente descubrí los grupos operativos) transformamos a los
enfermos que estaban en mejores condiciones, en los mejores enfermeros del
hospital.
Esta edad es la más importante desde el punto de vista terapéutico
porque nuestra tarea terapéutica es transformar un adolescente en un
adulto, aunque tenga 70 años. Es decir asumir el rol, la responsabilidad de
adulto, que es una actitud activa frente al mundo. En la medida en que éste
transforma el mundo se transforma él, es decir en una actitud dialéctica
permanente.
Por eso se establecieron todos los medios para obstaculizar al
adolescente no considerándolo como estructura, como grupo. Los estudios sobre
pandillas dieron un poco de luz sobre esto. Es común leer trabajos que
describen todo este proceso: cómo se organiza una pandilla que tiene un
sentimiento de debilidad muy grande, de desconfianza e incertidumbre, cómo se
juntan para darse apoyo, el líder que se hace ejecutivo, y cómo pasan de una
pasividad total a una hostilidad sin límites, muchas veces como reacción
frente a la consideración que los adultos tienen de ellos.
En el ambiente familiar es considerado ni niño ni adulto, se dan roles
de ambos con una gran tendencia a feminizarlo. Entonces esto debe ser estudiado
como que el adolescente es el 1, la familia es 2 y el estado es 3: la situación
triangular.
Esto no es para el trato individual
de los pacientes. Yo espero que sean psiquiatras sociales donde trabajan
con unidades mayores, más necesitadas, porque la terapia de grupo y la
individual son mecanismos diferentes que se ponen en juego.
La adaptación social es mucho más lograda en la terapia de grupo, y el
tratamiento individual puede durar tantos años como tiene el paciente. Incluso
hay que ver en el paciente único el grupo que está funcionando dentro. Porque
todo el mundo está habitado. En realidad no hay viviendas libres sino que hay más
bien desalojos forzosos.
Es decir que estamos habitados permanentemente, vigilados desde adentro y
proyectados afuera en las instituciones que representan nuestra situación
interna. Solo así podemos entender todo lo referente al adolescente y su rebeldía
tendiente a conseguir un status.
También hay otros grupos minoritarios como los homosexuales que han
solicitado leyes y ordenanzas especiales como si fueran minorías segregadas.
Quiere decir que en una época donde se tiende unificar las relaciones humanas,
por otro lado hay una tendencia a cercenar todo tipo de asociación, ya sea por
edad, por sexo, etc.
Curar un adulto es curar un resto de adolescente y curar un adolescente
es curarlo de su infancia. Curar un niño será curarlo de su período
intrauterino.
Pero sobre todo la adolescencia debe centrar la terapia en el estudio de
la relación con los demás, las primeras experiencias, las ideologías y el
conflicto generacional que es universal.
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